viernes, junio 08, 2007

Éste, el mejor de los mundos posibles.

Después de que el mundo se creará (disculpen mi egocentrismo, pero lo siento, en estos momentos mi querida página constituye el epicentro de mi corta, pero intensa, existencia bloggera -qué terrible suena esto-), el paso siguiente era vivir. Demonios, y no es que resulte especialmente sencillo.

Bien. Mi mundo ya existe (como decía George Peppard en "Desayuno con diamantes": "¡Yo no soy todo el mundo!, ¿o si lo soy?".) y como tal, intentaré que sea lo más divertido posible (esto también les afecta a ustedes, estimados y desconocidos lectores -que considerada soy-).

Esto me recuerda a la obra de Voltaire, Candido o el optimismo, y a uno de sus personajes, el divertido Doctor Pangloss, para el cual este mundo es el mejor de los mundos posibles y todo en él sucede para bien. Evidentemente lo hilarante del asunto es que los personajes sufren (en el sentido más amplio) durante toda la obra y el pobre y desdichado Cándido, que como buen discípulo ha aprendido la máxima de su tutor, tiene una candorosa fe en que todas sus desgracias tienen un sentido y servirán para una dicha cercana.... El final pueden disfrutarlo ustedes mismos.

Pero... ¿es éste verdaderamente el mejor de los mundos posibles? (no me refiero a mi reciente creación bloggeriana, que ya sé que iban a decir que por supuesto, semejante derroche de ingenio, ¿cómo no iba a serlo?. No, conténganse, me refiero a éste, nuestro mundo).

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece que iniciar un blogg es una gran responsabilidad, es como... como ser padre; pensemos en la inmensa responsabilidad de los padres de Hitler, Rodríguez Zapatero y Romy Schneider-no estoy siendo exhaustivo-; admiramos sin embargo el espíritu de la autora. Pero, ¿es una autora? La duda me posee,y me inclino por un ser barbado de cintura endémicamente progresiva.

L. dijo...

Su Usted se inclina por un ser de semejantes características, no seré yo quien le quite la ilusión. Llámeme Pascual Rebollo.

Mi agradecimiento a su primer mensaje es equiparable a mi endémicamente progresiva cintura. Es un honor recibirle como ilustre lector, Señor J.

Anónimo dijo...

Como ser anónimo exijo seguir siéndolo, ¿cómo puede saber si no soy en realidad una rubicunda y ruborosa jovencita pero con plutonianas pasiones que lo que realmente desea es a un Heathcliff que la arrastre con los pies desnudos por el páramo?

L. dijo...

Está bien, está bien, su brontëiana referencia me ha despistado por completo y mis sospechas se disipan y lo que es más, ¡se invierten!.
Bienvenida sea pues, Srta. Earnshaw,

Anónimo dijo...

!Pobre Leibniz! Casi todo el mundo se burla de su aparentemente ridícula afirmación y todo hijo de su vecino tiene una abundante provisión de refutaciones en el armario de su experiencia(reclamo derechos de copia por esta metafórica expresión, si es que acaso es nueva), aquella vez en que te salió un padrastro-eso que se dice que sale pero que a mi nunca me ha salido y no un cosa a lo Murdstone, aquella otra en que te suspendió la de francés o esa petición de suegra bienintencionada en que reclama después del postre la paz universal. Pero, pensemos.











¿Era Leibniz un idiota?Yo creo que no, y creo recordar de mis clases de filosofía, esto es, cuando no estaba dormido o cuando no estaba haciendo instrumentos mortales con los que simulaba disparar al profesor, una sutil distinción entre posible y composible(si estuve despierto aquel día debe significar algo así como los posibles compatibles) que el gran Leibniz hacía.Por eso, doy un voto de confianza a Leibniz y a nuestro Creador-más al primero-.Si, creo que estamos en el mejor mundo posible.












(Si están esperando a que haga una broma que refute la última afirmación, están ustedes listos)

L. dijo...

¡Bien! Yo también lo creo, aunque, por otra parte, hay un premio de un filtro de porcelana para aquellos lectores que expongan satisfactoriamente como entonces se explica la existencia de la tipografía Times New Roman, el cine de Hanneke, las arañas peludas, Morgan Freeman o las comunidades de vecinos?

Anónimo dijo...

Pero, ¡mi querido señor!,¿no es posible que tengamos una comprensión muy parcial de las cosas? Sí, estaría dispuesto a suprimir los terremotos, pero ¿quién me dice a mi que si suprimo los terremotos no se suprimirían miles de cosas que yo aprecio, como,por ejemplo Vic Morrow o los helicópteros? ¿No estaremos cayendo en un simplismo a lo tipo panzudo que ve los telediarios y que tiene un plan para la mejora galáctica?

Enrique Gallud Jardiel dijo...

Quizá fue el mejor de los mundos posibles, para nosotros, animalitos hechos de cadenas de carbono. Pero nos hemos encargado de que deje de serlo. De todas maneras, Leibniz me cae muy bien, pese a ser matemático.

Anónimo dijo...

Dios mío, qué honor! Un descendiente del gran Jardiel. Pero,¿por que pensar que lo hemos hecho peor? ¿No es atribuirnos una excesiva importancia?. Probablemente no lo hemos hecho mejor, pero seguro que no somos tan decisivos como para

Anónimo dijo...

Perdonen, tuve que ir a lavar el coche. Prosigo. No somos tan decisivos como para hacer el mundo peor. A mí se me antoja la humanidad(por supuesto, ¡que yo me excluyo!) como uno de esos seres absolutamente mediocres que arrastran una vida de mediocridad absoluta, dejan un mediocre rastro en su existencia, son mediocres y hasta el paso a la otra vida es mediocre(no estoy muy seguro de si he dejado claro lo de mediocre), que saben que no van a mejorar el mundo, pretenden tener el consuelo de que al menos empeorarán el mundo. ¡Pues no!, ni siquiera eso. Si, es muy triste. Bueno, a mí me da igual.

L. dijo...

Diantres, ahora creo que tendré que matar a mi abuela y todo debido a Jardiel Poncela. En fin.
(Muchas gracias por su aportación y colaboración indirecta al asesinato, Sr. Gallud :-)

Srta Earnshaw (lo siento), creo que estoy de acuerdo, aunque no estoy muy segura, y ahora me viene a la mente una cita de Hebbel: "No soy un águila -dice el avestruz y todo el mundo admira su modestia-".

Earnshaw dijo...

La cita es buena, pero: "Un genio criminal trajo a suelo británico una secta de chinos fanáticos con la esperanza de una próxima invasión amarilla que pusiera en peligro la civilización occidental. Harry Dickson resolvió, no sin esfuerzo, el odioso y terrible complot. El navío que traía a Europa a una verdadera legión de demonios asiáticos fue hundido en la costa de Galway por un torpedero inglés". Jean Ray