jueves, junio 14, 2007

De botones

Anoche estuve leyendo la divertida autobiografía de Groucho Marx, "Groucho y yo", y me encontré con este relato hotelero (hostelero dirían otros) que hace como paréntesis a las aventuras que relata de su hermano Harpo cuando este ejerce de botones (es hilarante leer como tiene que pasear a la cría de leopardo - ¡"La fiera de mi niña"!- de una trágica inglesa, Cecilia Langhorne, hospedada en el hotel y como en uno de estos paseos, el animal se le escapa, mata a un perro y Harpo tiene que volver cabizbajo con la historia de que Dodo, así se llamaba el felino, había sido matado por un individuo que acababa de salir de una armeria. La señorita Langhorne tuvo que hacer una cura de cuarenta y ocho horas.

" (...) Me refiero al anticuado botones. Vestido como un tambor mayor, se sentaba muy vivaracho en un banco del vestíbulo del hotel, siempre atento al sonido de la campana del recepcionista.

En los buenos tiempos, si un viajante de comercio tenía la desdicha de quedarse bloqueado en una de aquellas aburridas ciudades y en el hotel que invariablemente había en ellas, después de desempaquetar sus escasas pertenencias, se sentaba y contemplaba sombríamente la celda que se le había destinado. Esta solía contener una cama de hierro, un armario de metal (pintado para que pareciera de madera), un jarro y una jofaina. Junto a ésta colgaban dos toallas casi transparentes. También había una pastilla de jabón que, por la cantidad de espuma que producía, parecía estar fabricada con granito puro.


Al desdichado viajante se le ofrecían dos alternativas. Podía coger la cuerda para salvamento en caso de incendios que colgaba por la parte exterior de la ventana y ahorcarse con ella, o podía enviar a buscar al botones. Una presión sobre el timbre del cuarto y, como un genio mágico, el botones aparecía. Uno podía encargarle lo que quisiera... más toallas, agua helada, cualquier cosa, y si te sucedía que estabas en territorio de prohibición de alcohol, tal vez conseguía una botella. También te advertía que no era prudente comer en el hotel, a menos que no sintieses ningún deseo de volver a ver a tu familia.
¡Oh!, a propósito, también solía conocer a una chica....

-No, señor. No es una profesional. La verdad es que se trata de una amiga de mi hermana y que procede de muy buena familia; lleve mucho cuidado en ofrecerle dinero. Se pone muy furiosa si alguien lo hace. Pero si me da usted un billete de diez dólares, me encargaré de hacérselo llegar. De esta manera no se sentirá violenta... No, no, yo no quiero nada para mí. Sólo deseo que pase usted un rato agradable.
Mi opinión es que el mundo no siempre progresa. Verdad es que ahora puedes entrar en el ascensor de un hotel, apretar un botón y llegar a la habitación, suave y silenciosamente. Si quieres agua helada, lo único que hace falta es apretar otro botón que hay en el lavabo, y mana un torrente cristalino, congelado. Las toallas son facilitadas en abundancia, e incluso se le suplica a uno que se lleve el jabón a casa, como recuerdo. Pero pese a todos estos adelantos, el hotel moderno es una combinación fría, sin alma, mecánica, de acero, madera e indiferencia. Además, si eso es en lo que están pensando, un vagón del metro durante las horas punta te proporcionará un contacto mucho más personal."
("Groucho y yo". Groucho Marx)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Aunque Groucho lo dice humorísticamente, quería comentar el tópico de que cualquier progreso técnico es frío, desangelado, inhumano, mientras que lo de antes era cálido,humano, entrañable. Sin contar, la plaga pestífera que significa para una conversación el idiota que elogia los tiempos de su abuela por su profunda humanidad. No sé, estoy a favor de la llamada fría técnica. Ven! querida e inhumana técnica y haz que no tengamos el más mínimo contacto humano.

L. dijo...

Sí, todo el mundo recuerda nostálgicamente el caldo de su abuela, los columpios oxidados del patio del colegio, una peonza que salta al ojo, el primer corte de pelo a lo afroamericano de su muñeca, el primer atropello a su pájaro con un coche teledirigido, los primeros puntos de sutura en la cabeza o los vómitos nocturnos... Está bien, está bien, acepto que la gente tenga especial sensibilidad retrospectiva pero que al menos...no no la cuenten!

L. dijo...

(no nos la cuenten, quería decir)