viernes, junio 15, 2007

El amor y otras pasiones

Dice Schopenhauer en El amor y otras pasiones:


"En efecto, el hombre con facilidad puede engendrar más de cien hijos en un año, si tiene otras tantas mujeres a su disposición; la mujer, por el contrario, aunque tuviese otros tantos varones a su disposición, no podría dar a luz más que un hijo al año, salvo gemelos. Por eso anda el hombre siempre en busca de otras mujeres, al paso que la mujer permance fiel a un hombre, porque la naturaleza le impele, por instinto y sin reflexión, a conservar junto a ella a quien debe alimentar y proteger a la futura familia menuda.

De aquí resulta que la fidelidad en el matrimonio es artificial para el hombre y natural en la mujer, y por consiguiente (a causa de sus consecuencias y por ser contrario a la naturaleza), el adulterio de la mujer es mucho menos perdonable que el del hombre"

Sin querer entrar en el sempiterno (¡qué palabra tan bonita!) tema de la guerra de los sexos (porque perdonen pero, es un aburrimiento) me siento impulsada a la siguiente reflexión.

Siempre había tenido la clásica concepción de que la infidelidad femenina estaba en peor consideración que la masculina porque siendo la mujer, por lo visto, menos capaz de separar sentimientos y pasión carnal que el hombre, cuando ésta es infiel, por lo tanto, es mucho más probable que termine yéndose con el amante a alguna isla del Pacífico a cortar leña y degustar exóticos manjares dignos de los dioses (suponiendo que quede alguno), dejando al gruñón marido en la casa conyugal y sin que éste se percate de la ausencia hasta el tercer día, que es cuando su instinto reproductor se habrá regenerado (digo yo).

Sin embargo, Schopenhauer da un giro (no voy a decir copernicano, que sé que lo están esperando, y me gusta chinchar) a mi esquema tradicional, si es que tenía tal cosa, y señala eso de la prole como principal causa de fidelidad en la mujer e infidelidad en el hombre.

Por otra parte, ¡perdona Schopenhauer!, yo es que no veo ningún problema para la continuidad de la especie (¿conocería la fértil vida de J.S Bach con tan solo dos esposas?), en que el hombre se dedique a esparcir su semilla dentro del seno familiar exclusivamente. La vida podría ser idílica. Aunque ahora que lo pienso, no estoy muy segura de lo que significa "idílica", tropecé con esa palabra un día que leía un anuncio de un crucero alrededor del mundo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

"Cariño, sí, lo admito, me he acostado con tu hermana, con tu prima, con la prima de tu hermana que no es tu prima y con la hermana de tu prima que no es tu tía. Pero entiéndelo, la naturaleza me impelía a esparcir semillas. ¡Esparce semillas me coreaba!. ¿Qué si utilice preservativos?. ¡Hombre no!, me la voy a jugar yo a preñar a esas fulanorras ..."

Anónimo dijo...

La infidelidad, tan dolorosa cuando uno la padece en sus carnes, y tan objeto de risas cuando otros la sufren, o como poco, uno de los temas preferidos en el commerage social.
Por otro lado, tema de fondo inacabable para obras artísticas de todo tipo.
Coca-Cola.

L. dijo...

Sí, reconozco que es un tema manido -y decir que es un tema manido también es un tema manido; estos bucles tan divertidos los aprendí de estudiante, y ahora los tienen que sufrir ustedes-, pero qué quieren, soy sólo un humano (Bender dixit).

Me consta que hay malignos seres que además le echan la culpa de esta infamia al pobre que la sufre, ¡se la merecía!. Pero seguro que ninguno de ustedes, mis fieles lectores, piensa nada parecido.

L. dijo...

Como he nombrado a Bender, no puedo resistirme a su gran frase:

"Hummm, 300 dólares... ¿Qué hacer? ¿Una robopilingui de 300 o trescientas robopilinguis de 1?".

Anónimo dijo...

Parece que usted puede ver como pienso. Si, en mi opinión, la historia y la historia de la literatura han cargado la responsabilidad sobre el pobre engañador, una historia voluntaria de los tontos creo que pondría las cosas en su lugar. El engañado y el engañador, el timado y el timador, el adulterado y el adulterador, acaso no pertenecen a la misma especie?, no tienen las mismas facultades?(han visto? léase con declamación a lo Shylock), y si uno utilizó esas facultades demasiado, es que el otro las utilizó muy poco. Por tanto, que no me venga a lloriquear el engañado gimiendo que le engañaron- Idiota! -le replicaré- te dejaste engañar! Y si esto no le consuela, es que es un verdadero asno.
Por otra parte, admiro la resistencia del creador de este blogg. Este tema es capaz de atraer a los más tontos de los sitios cercanos y lejanos(yo, seguramente, debo ser el más tonto)