Para aquellos lectores interesados en conocer mi edad les diré que es el resultado de multiplicar el logaritmo neperiano de 47 por el resultado de PI/x2 más el 7% de IVA. Aquellos que no sean muy dados a este tipo de sencillos cálculos aritméticos, pueden enviarme un correo postal con la pertinente solicitud, contestando correctamente a la siguiente pregunta: "¿Por qué soy tan estúpido/a?".
Nací un 29 de Junio de ... ¡uy! ¡casi se me escapa!. Mi madre, al verme, tuvo la sensata idea de suicidarse inmediatamente usando el gotero como soga (es que es muy hitchcockniana) pero mi padre le detuvo a tiempo con el siguiente razonamiento:
-¡Espera, mujer! Quizás esta criatura asquerosa y degradada resulte ser una bendición disfrazada.
-Pues si lo es, lleva un disfraz muy bueno -contesto mi desesperada madre.
-Después de todo, -siguió mi progenitor con aire intelectual- ¿Es que nuestro Señor no envió una modesta lombriz para consolar a Moises en su tormento?.
*Justo en este momento me ha venido a la mente una frase de Emerson que viene muy bien: "Jamás ha habido un niño tan adorable que la madre no quisiera ponerlo a dormir".

Imagen de mi tierna infancia a la edad de 2 años. Mis primeras palabras fueron: ¡No más agua, yegua culona! y ¡Maldigo a Edison! (esta es una reconciliación con mis lectores edithpiaf-adictos)
Cuando crecí, mi madre solía darme sabios consejos como que no me fiara de los peligrosos maníacos homicidas y tengo que decir que así me fué muy bien en la vida. Aunque, por otra parte, es la misma madre que opinaba que Humphrey Bogart era un alto y apuesto semental, así que opté por tomar sus opiniones con precaución, porque amo a mi madre pero también amo las chuletas con salsa y a estas no les pido consejo.
A mi favor tengo que decir que una vez en el tren, un caballero se levantó para dejarme su asiento. Como yo lo interpreté es asunto mío, pero como justo en esa época estaba leyendo el "Pierre o las ambigüedades" de Herman Melville y además iba por este pasaje:
"Si un caballero compra el mejor asiento por un asunto de vida o muerte, deberá
renunciar graciosamente a dicho lugar y alejarse renqueando si una atractiva
viajera mueve una sola de sus plumas desde la puerta de la estación"
Puede decirse que mi ego se disparó (es que nunca he sabido como se bloquea un arma) desde ese momento en el que este insulso señor bajito resultó tan extrañamente gentil. Lo que me dijo a continuación nunca lo podré olvidar:
"Soy lo que en México se llama un chaparrito y en Guatemala, un pululo, y la pequeñez de mi esqueleto tiene la culpa de que todas las mujeres altas me sean inaccesibles. -Y agregó con una reflexión al más puro y selecto humour-: En fin, tengo el consuelo de que, por fortuna, existen muchísimas mujeres bajas que me son inaccesibles también"
Esto es, queridos amigos, lo más trascendental que ha acontecido en mi vida. De ahora en adelante quiero vivir una juventud salvaje, llegar rica a la madurez y fingir que soy sorda cuando me haga vieja para sacar de quicio a la gente.