domingo, septiembre 23, 2007

Bahaudin y el caminante

Bahaudin el-Sah, gran maestro de los derviches Naqshbandi, encontró un día a un compañero en la gran plaza de Bujara.
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El recién llegado era un kalendar errante de los Malamati, los "Censurables". Bahaudin estaba rodeado por sus discípulos.
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"¿De donde vienes?", le preguntó al viajero, con la expresión sufí habitual.
"No tengo ni idea", dijo el otro, riendo estúpidamente.
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Algunos de los discípulos de Bahaudín murmuraron su desaprobación por esta falta de respeto.
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"¿Adónde vas?", prosiguió Bahaudin.
"No sé", gritó el derviche.
"¿Qué es el Bien?"
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Para entonces ya se había reunido una gran multitud.
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"No lo sé"
"¿Qué es el Mal?"
"No tengo ni idea"
"¿Qué es lo correcto?"
"Todo lo que es bueno para mí"
"¿Qué es lo equivocado?"
"Todo lo que es malo para mí"
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Las gentes, agotada su paciencia e irritada por este derviche, lo apartaron. Éste se fue caminando decididamente a grandes pasos en una dirección que no llevaba a ninguna parte, muy lejos.
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"¡Idiotas!", dijo Bahaudin, "este hombre estaba representando el papel de la humanidad. Mientras vosotros le despreciabais, él estaba mostrando deliberadamente la falta de atención que todos vosotros mostráis, de forma inconsciente, todos los días de vuestras vidas".

11 comentarios:

liuva dijo...

Vaya vaya, nos hemos puesto místicos hoy. Pues yo también. Te voy a contar un cuento de Eloy Mon: “Encima de un enorme iceberg a la deriva por el Atlántico Norte, un señor de Cuenca, funcionario de correos, y un pingüino discutían por el precio de un sello. El debate era agrio, visceral, a cara de perro, y quizás hubiera durado días, meses, años.
Pero el iceberg no.”

Qué tiene que ver este cuento con Bahaudin y el derviche idiota…, pues nada, pero es igual de absurdo.

Una vez tuve un examen de economía y a las preguntas intenté contestar con las sabias enseñanzas de Bahaudin. El profesor no debía ser seguidor del sabio porque me puso un cero patatero. Seguramente era un idiota.

Dardo dijo...

Yo estoy con la conclusión admonitoria de Bahaudin el-Sah. El viajero es el arquetipo de nuestra travesía en el óceano de la nada del relativismo.

Sólo un derviche que con su baile horada el presente puede captar la esterilidad de la duda.

anónima dijo...

El problema es que vemos, pero no miramos, pensamos pero no meditamos. Se dice que el hombre ve lo que hay y la mujer lo que falta. Por eso cada parte necesita a la otra, porque sino andamos tuertos por el mundo. He aquí mi cuento.

Había una vez dos pájaros que vivían encima de una piedra. Un día uno decidió volar y se marchó. el otro pájaro le esperó durante días enteros, no comía, no piaba, tal era su tristeza. Al cabo de un mes de esperar un regreso que nunca se produciría, se le rompió el corazón y se marchó volando.....

Y la pobre piedra se quedó sola. Rabindranath Tagore

Donna Angelicata dijo...

"¿Soy demasiado consciente de la realidad y los demás viven en un sueño de idiotas del que no quieren despertar (cosa que no les reprocho) o soy yo el estúpido que cree ver demasiado sin ver nada?" E. M CIORAN

(Nota a Dardo: Si su psicólogo le recomendó abandonar a Schopenhauer, no quiero ni pensar lo que le diría de Cioran. ¡Manténgase alejado, se lo suplico!)

Sigurd dijo...

El otro día adquirí en la farmacia un poco de Cioran-profeno. Aparentemente es un medicamento fantástico para recuperar el control sobre la vida y existencia propias sin necesidad de acudir a ningún ismo, pero me alarmó que en el prospecto, como contraindicación, se indicara que se podía desarrollar cierta fijación con el suicidio.

Debe ser inquietante encontrar paz en la idea de que en cualquier momento puedes decidir saltar delante de una locomotora para que te atropelle.

La frase de Ciorán se podría resumir, si me permiten el símil platónico, en "¿Estoy yo en la cueva? ¿Están ellos en la cueva? ¿Estamos cada uno en cuevas distintas? ¿Tendrá mi cueva unas vistas agradables? ¿Serán el resto de cuevas tan pequeñas como la mía? ¿Y si al salir de la cueva resulta que estoy en otra cueva más grande? ¿Podré pedir la ayuda para el alquiler de cuevas?"

Anónimo dijo...

EL BARCO QUE SE HUNDE.
-Señor-exclamó el teniente primero irrumpiendo en el camarote del capitán-, el barco está hundiéndose.
-Está bien, señor Spoker-dijo el capitán- pero ésa no es razón para que se presente usted a medio afeitar. Ponga a prueba su inteligencia, señor Spoker, y verá que para una mente filosófica no ha ocurrido nada nuevo. Puede afirmarse que el barco, si es que está hundiéndose, estaba hundiéndose desde el momento en que fue botado.
-Se hunde deprisa-dijo el teniente primero cuando volvió afeitado.
-¿Deprisa, señor Spoker?-preguntó el capitán- Esa consideración no deja de extrañarme, por que si se reflexiona sobre ello, el tiempo es relativo.
-Señor-dijo el teniente-, creo que no vale la pena que nos embarquemos en esta discusión, pues dentro de diez minutos estaremos en el fondo del mar.
-Si se razona de esa manera -dijo el capitán con suavidad-, resulta inútil iniciar una investigación. Lo más probable es que hayamos muerto antes de llegar a su conclusión. Señor Spoker, usted no ha considerado la situación del hombre-añadió sonriendo y moviendo la cabeza.
-Prefiero considerar la situación del barco -dijo el señor Spoker.
-Como buen oficial-respondió el capitán poniendo la mano sobre el hombro del teniente.
Informaron desde cubierta que los marineros se habían metido en la bodega y que estaban emborrachándose.
-Marineros, eso es una insensatez -dijo el capitán-, el barco está hundiéndose. En diez minutos ustedes me dirán: ¿y qué?. Para una mente filosófica no ha ocurrido nada nuevo. En el curso de nuestra existencia estamos expuestos a que se nos rompa una arteria, o que nos parta un rayo, no sólo dentro de diez minutos, sino en diez segundos: y eso no nos ha impedido comer ni depositar dinero en el banco. Les aseguro a ustedes, con la mano en el corazón que no acabo de entender su actitud.
La tripulación estaba demasiado borracha para prestar atención a sus razonamientos.
-Es una escena muy lamentable, señor Spoker-dijo el capitán.
-Sin embargo, para una mente filosófica -dijo el señor Spoker -dijo el capitán- podría afirmarse que empezaron a emborracharse desde el momento en que se embarcaron.
-No sé si usted está siguiendo mi razonamiento señor Spoker -dijo el capitán-. Pero prosigamos.
En la santabárbara se encontraron con un viejo lobo de mar que fumaba tranquilamente su pipa.
-¿Santo Dios! -exclamó el capitán-. ¿Qué está haciendo usted?
-Bueno, señor -dijo el viejo marinero en tono de disculpa-, me han informado de que el barco se está hundiendo.
-Y aunque así sea -dijo el capitán-, para la mente filosófica no ha ocurrido nada nuevo. Mi viejo amigo, en cualquier momento, desde cualquier punto de vista, la vida no es menos peligrosa que un barco que se hunde... y sin embargo los hombres usan paraguas y zapatos de goma, y les da por emprender grandes obras y se comportan como si fueran inmortales. Por lo que a mí respecta, sólo siento desprecio hacia el hombre que incluso a bordo de un barco que se hunde deja de tomar una píldora o de darle cuerda a un reloj: tal conducta no sería humana.
-Disculpe, señor -dijo Spoker-, pero, ¿hay alguna diferencia entre afeitarse en un barco que se está hundiendo y fumar en la santabárbara?
-O hacer algo en cualquier circunstancia -dijo el capitán. Estoy convencido: invíteme a un cigarro.
Dos minutos después el barco estalló en una gloriosa explosión.

R. L. STEVENSON

Anónimo dijo...

errata: "con una gloriosa explosión"

Anónimo dijo...

Perdonen, lo veo ahora, hay otra: "..porque, si se reflexiona sobre ello..."

Gaia dijo...

Solo quería comentarte que tienes una forma deliciosa de escribir...

Un saludo.

Donna Angelicata dijo...

Muchas gracias Gaia, eres excesivo en tu loanza.

Acudo velozmente a mi "Diccionario del Diablo" y Bierce dice lo siguiente del encomio:

"Especie de niebla intelectual a través de la cual las virtudes de los objetos se ven magnificados en muchos diámetros"

Dardo dijo...

Seguiré sus consejos Donna. Nada de Cioran-profeno como dice Sigurd. El relato de Stevenson del Sr. Anónimo muy bien traido.

Donna. Tiene Vd. unos anónimos de mucha calidad; aunque sean algo traviesos (quizás esté aquí algo de su encanto mutuo).