viernes, marzo 20, 2009

Los relatos del Padre Brown (G. K. Chesterton)

Hay compras que son verdaderamente extraordinarias, exquisitas, yo incluso diría, sobrenaturales. Una siente con ellas el goce casi infantil del que halla un tesoro de alguna tierra inmemorial y quiere mostrar, con el pecho henchido de orgullo, su descubrimiento al mundo.

Al margen de este pueril, pero heroico, razonamiento, no creo que a estas alturas vaya a revelarles nada extraordinario que no sepan de mis preferencias, en este caso, literarias. Pero aún así, les confieso que hay en mí una suerte de enigmático y fascinante redescubrimiento eterno de este autor que me lleva magnéticamente a la compra (¡y lectura!) compulsiva de cualquier reedición que de sus escritos se hace. En este caso, además, se trata de algo grandioso, imprescindible en cualquier biblioteca, la recopilación de todos los relatos detectivescos del adorable Padre Brown que lleva a cabo la editorial Acantilado.

Al buscar algo de información del mencionado libro, me he topado providencialmente con una página que realiza un monumental artículo acerca de estos relatos y en la que nada falta y nada sobra. Por una vez, solo por una vez, no comparto una opinión de Chesterton, aunque claro, esto es porque perjudica al propio Chesterton, y es cuando escribió aquello de: "El gran clásico es un hombre del que se puede hacer el elogio sin haberlo leído".

No, no, no. Me niego. Lean a Chesterton, lean a Chesterton, lean a Chesterton.


EL PADRE BROWN
Son cinco recopilaciones de relatos tituladas: El candor, La sabiduría, La incredulidad, El secreto y El escándalo del Padre Brown .

El candor del Padre Brown
(The Innocence of Father Brown, 1911)
Doce relatos. Destacan: La cruz azul, el primero, en el cual el famoso delincuente Flambeau se disfraza de cura y el P.B lo descubre: «Usted atacó la razón; y eso es de mala teología»; Las pisadas misteriosas, quizá el mejor caso a juicio del mismo P.B, pues en él logró evitar un crimen y acaso salvar un alma, gracias al sencillo procedimiento de haber escuchado unos pasos por un pasillo; La muestra de la espada rota, la resolución de un enigma histórico, una batalla en la que «uno de los hombre más sabios del mundo obra un día como un idiota, sin ninguna razón», y «uno de los hombres más buenos del mundo obra un día como un demonio, sin ninguna razón».Además están: El jardín secreto, en el que un hombre tiene la notable cualidad de que su presencia es tan ostensible como su ausencia; Las estrellas errantes, el último delito de Flambeau, un robo de joyas que contaba él mismo en su «edificante vejez» y a partir del cual abandonó la delincuencia; El Hombre Invisible, acerca de un personaje que resulta mentalmente invisible para quienes le rodean (un relato muy valorado por los expertos en el género); La honradez de Israel Gow, un caso de honradez tan extraño como alambicado que se desarrolla en un castillo escocés; La forma equívoca, el misterioso asesinato de un poeta drogadicto; Los pecados del príncipe Saradine, un hombre perverso que se confunde porque olvida la virtud humana; en El martillo de Dios aparece asesinado un eclesiástico perteneciente a una familia de aristócratas; en El ojo de Apolo Flambeau estrena oficina y se habla de «una de esas religiones nuevas que le perdonan a uno los pecados asegurando que nunca los ha cometido»; en Los tres instrumentos de la muerte fallece asesinado un hombre muy popular y conocido por su alegría permanente.

La sabiduría del Padre Brown
(The Wisdom of Father Brown, 1914)
Doce relatos. Mis preferidos son tres: El hombre del pasaje, de ambiente teatral, en el que los espejos tienen la clave; La peluca roja, de ambiente periodístico, en el que se dice la famosa frase «el periodismo consiste principalmente en decir “muere lord Jones” a gente que no tenía ni idea de que lord Jones estuviera vivo»; El extraño crimen de John Boulnois, o de cómo los pecados veniales resultan a veces más difíciles de confesar que los mortales.Los otros son: La ausencia del señor Copa, el criminólogo científico Orion Hood no resuelve un misterio que sí aclara el P.B.; El paraíso de los bandidos tiene lugar en Italia cuando al carruaje donde viajan un banquero inglés y el P.B. lo asaltan unos bandoleros; en El duelo del doctor Hirsch un famoso científico ateo es desafiado por un italiano creyente que luego desaparece, y cuando Flambeau no comprende qué ha pasado el P.B. le indica que la prueba moral es más clara que cualquier otra prueba; El error de la máquina es un caso de cuando el P.B. fue capellán en una prisión de Chicago, veinte años atrás, en el que se había condenado a un delincuente a partir del testimonio de un detector de mentiras; La cabeza del César es un caso de chantaje familiar que termina con un suicidio; en El fin de los Pendragon el P.B. frustra las intenciones de un tipo que desea quedarse con la fortuna familiar; en El dios de los gongos su intervención evita el asesinato que se iba a cometer en medio de un combate de boxeo; en La ensalada del coronel Cray aclara la maldición de una sociedad secreta india que pende sobre el coronel Cray; El cuento de hadas del Padre Brown, que se desarrolla en Alemania, trata de un antiguo asesinato sin resolver que cuenta Flambeau al P.B.

La incredulidad del Padre Brown
(The Incredulity of Father Brown, 1926)
Ocho relatos, todos ellos sin Flambeau, uno en Sudamérica, varios en los EE.UU. Para mí destacan: El oráculo del perro o la importancia de tratar a los perros como perros; El milagro de la calle de la Media Luna o lo natural que resulta creer en lo sobrenatural.Luego están: La resurrección del P.B, el único relato donde el P.B. sufre una agresión y que tiene lugar en la costa septentrional de Sudamérica; La saeta del cielo, o cómo el P.B. averigua quién es el asesino de un millonario pero lo deja huir; La maldición de la cruz de oro, un caso relacionado con la arqueología en el cual el P.B. afirma que «resulta mucho más natural aceptar un relato sobrenatural que se refiera a cosas que no comprendemos, que aceptar un relato natural que se oponga a las cosas que comprendemos»; El puñal alado, donde se cuenta por qué al P.B. le daba un estremecimiento cada vez que colgaba su sombrero en el perchero; El sino de los Darnaways, un caso trivial oscurecido por una vieja leyenda de aristócratas arruinados; El fantasma de Gideon Wise, para el P.B. el ejemplo más extraordinario de la teoría de la coartada.

El secreto del Padre Brown
(The Secret of Father Brown, 1926)
Diez capítulos. El primero, titulado El secreto del Padre Brown, es una conversación entre el P.B., Flambeau y un amigo estadounidense, en la que el P.B. indica su secreto: imaginarse con todos los pormenores cómo se puede cometer un crimen y en qué estado mental puede hacerse, la convicción de que «no existe un hombre que sea realmente bueno mientras no sepa cuán malo puede llegar a ser». El último capítulo, titulado El secreto de Flambeau, es un comentario a los casos narrados donde el Padre Brown subraya de nuevo su secreto: «Un crimen puede parecer tan terrible porque no se concibe la posibilidad de cometerlo. Yo lo creo horrible, porque podría cometerlo». En medio hay ocho casos. Yo destacaría La penitencia de Marne, o la diferencia entre cómo perdonan los hombres y cómo perdona Dios, el mejor caso del Padre Brown a juicio de muchos.Además están: El espejo del magistrado, un asesinato resuelto gracias a un espejo roto; La luna roja de Meru, que trata sobre la desaparición de un rubí; El mayor crimen del mundo, un caso de ironía infernal o el gozo que da poder decir la verdad en el mismo infierno y decirla de tal manera que todo el mundo la interprete mal; en El hombre de dos barbas está la explicación de por qué «si hay un cierto tipo de hombre que se inclina a desoír a Dios, es el hombre de negocios»; en La actriz y su doble muere un empresario teatral; en La canción del Pez Volador se roban unos peces de oro; La desaparición de Vaudrey es un caso de orgullo venenoso.

El escándalo del Padre Brown
(The Scandal of Father Brown, 1935)
En su origen, esta recopilación contenía ocho casos, titulados con el que inicia la colección, quizá el mejor, y que trata de cómo la verdad viaja siempre «media hora detrás de la calumnia, y nadie puede estar cierto de cuándo y dónde la alcanzará».Los otros siete eran: El «rápido», que habla de la extraña muerte de un periodista tan gruñón y fanático como íntegro y amistoso; La ráfaga del libro, cuyo protagonismo lo tiene un libro misterioso que causa la desgracia de quien lo abre; El hombre verde, donde un almirante aparece muerto en un estanque; La persecución del señor Blue, sobre un millonario asesinado y un estrambótico detective que debía protegerlo; El crimen del comunista, tal vez el segundo mejor relato de la colección, en el cual el Padre Brown arremete contra el capitalismo y lo califica de ser tan o más execrable que el comunismo; La punta de un alfiler, donde un constructor, amenazado por los sindicatos, parece haberse suicidado; El problema insoluble, que trata sobre un tipo que parece haber tomado pastillas, haberse colgado de un árbol, y haber sido acuchillado, y en el que reaparece su amigo Flambeau.Además, en la edición de Valdemar de 2007, se añaden dos casos más que Chesterton no había entregado para su publicación: en La vampiresa del pueblo el asesinato de un actor en un pueblo es resuelto años después y el culpable resulta ser alguien inesperado; en La máscara de Midas hay otro tipo de culpable más habitual en los relatos de Chesterton, «uno de esos magos de la modernidad (...), un genio de las finanzas» cuyos «robos eran robos a miles de pobres».


Chesterton, un gran lector de novelas policiacas, formuló en más de una ocasión sus ideas acerca de cómo debían ser esa clase de relatos: breves, de tiempo y alcance limitados, con un número reducido de sospechosos y que jugasen limpio con el lector. Puso en práctica sus ideas con los casos protagonizados por el Padre Brown y provocó una revolución en las novelas policiacas, entonces dominadas por las imitaciones de Sherlock Holmes. En primer lugar, debido a su protagonista, tan singular en su apariencia y en sus actitudes que influirá mucho en otros detectives posteriores. En segundo lugar, por el énfasis en los motivos de los actos criminales o, si se quiere ver por el otro lado, por el particular enfoque del Padre Brown para encontrar las soluciones. A esos rasgos añadió una calidad literaria y una profundidad muy por encima de lo habitual.

El Padre Brown es un curita con «una cara redonda y roma, como budín de Norfolk,
unos ojos tan vacíos como el mar del Norte» (La cruz azul); con unos «habituales
andares renqueantes» (El fantasma de Gideon Wise); que a veces parece
comportarse infantilmente y que siempre lleva en las manos un paraguas. En El
duelo del doctor Hirsch se lo describe como un hombre que, «como solía llevar
una vida de lo más anodina, tenía una afición muy peculiar a los lujos
imprevistos y aislados; se trataba de un epicúreo abstemio». En El fin de los
Pendragon se dice que, «incluso cuando se sentía desconcertado, el P.B. tenía la
suficiente clarividencia para poder analizar su propio desconcierto». En El dios
de los gongos se cuenta que tenía «una enorme resistencia para insistir sin
perder la paciencia, ante la cual la mente de los burócratas no suele tener
capacidad de reacción».

Y, de un modo parecido a como Sherlock Holmes tenía como ayudante al doctor Watson, en algunos casos el P.B. tendrá en el antiguo delincuente y luego detective Flambeau a un oponente que, aunque no resaltará la sabiduría de su compañero al modo admirativo de Watson, sí emprenderá vías de solución con frecuencia equivocadas o facilitará que el P.B. explique su postura y sus deducciones.Los trabajos que afronta el Padre Brown no son unos casos-problema para que pueda desentrañar el lector: son relatos literariamente acabados donde se mezclan con brillantez el misterio, el humor y un sentido común que podría denominarse teológico. Si Chesterton opinaba que los casos policiacos de Sherlock Holmes eran los mejores que se habían escrito, los suyos están construidos a la contra de su cientificismo, pues las deducciones del Padre Brown se basan en la comprensión del interior del delincuente y no tanto en las pruebas materiales objetivas.


También tiene Chesterton la intención de combatir los modos de pensar que le parecen desenfocados: el orientalismo entonces a la moda, las creencias parapsicológicas (que defendía el mismo Conan Doyle), el pensamiento social con el de algunos antepasados o contemporáneos suyos (como William Morris o H. G. Wells entre otros), etc. En esas y otras direcciones, el ingenio y la profundidad que gasta el Padre Brown en sus explicaciones de fondo sobrepasan lo común: «La primera consecuencia de no creer en Dios es que uno pierde el sentido común y no es capaz de ver las cosas tal y como son. Cualquier cosa que te cuentan y dicen que es muy importante, cobra un valor infinito, como el paisaje de una pesadilla. Un perro se convierte en oráculo, y un gato en misterio, y un cerdo en mascota, y un escarabajo en animal sagrado, y se resucita todo el zoo del politeísmo de Egipto y de la India antigua» (El oráculo del perro).

Por esta razón, los relatos de Chesterton conviene leerlos poco a poco, reflexivamente: su amor por las paradojas es mucho más que un juego intelectual. En cuanto a la confección de sus relatos, Chesterton compone las escenas de un modo teatral y, al tiempo, da valor a cada una de las observaciones que hacen sus personajes y a cada uno de los adjetivos que pone. Si habla de la «ensangrentada oscuridad» que da una bombilla roja de un cuarto para revelar fotografías, el lector hará bien en esperar que algo sucederá (El sino de los Darnaway). Y también tendrán una finalidad las descripciones coloristas como la del «sendero flanqueado por flores azules que va todo recto hasta la oscura entrada del invernadero, y el abogado que bajaba por el mismo, con traje negro y chistera, y la roja cabeza del secretario asomando por encima del seto verde, que recortaba con unas tijeras de jardinero» (El oráculo del perro).

Por supuesto, los títulos son significativos: el candor es tanto el aspecto externo del P.B. como el remedio para convertir al delincuente; la sabiduría es saber distinguir la realidad de las apariencias; la incredulidad tiene que ver con que si uno cree en los verdaderos milagros no cree en cualquier milagro; el secreto del P.B. es tanto su técnica detectivesca como su talante; el escándalo se refiere a la sorpresa que causan sus actitudes y su modo de juzgar los delitos.

Las dos personalidades del Padre Brown.
En su autobiografía, Chesterton cuenta cómo concibió al personaje del Padre Brown. Invitado a una cena, conoció allí a un sacerdote bajito y con cara de duende: el padre John O’Connor, quien más influencia tendría en su conversión posterior al catolicismo. Al día siguiente, charlando con él, descubrió que tenía un profundo conocimiento de muchas cuestiones sociales sórdidas. Luego, en otra conversación en la que ese sacerdote no estaba, dos jóvenes estudiantes de Cambridge manifestaron su admiración por él pero hicieron notar que, con el tipo de vida que llevaba, no sabía nada de la verdadera maldad del mundo. Chesterton pensó entonces en la gran ironía encerrada en esa observación y concibió a su personaje novelesco. A lo largo de los relatos se describe su comportamiento en distintas circunstancias y se dibujan sus hábitos mentales, a veces indicando lo mismo de distintos modos.

Quizá la descripción más completa sea esta: «Dentro del Padre Brown había en realidad dos personalidades. Una era la de un hombre de acción, humilde como una prímula y puntual como un reloj, que cumplía con sus pequeñas obligaciones sin que se le ocurriera ni por lo más remoto alterar el orden de las mismas. Y la otra era la de un hombre de reflexión, mucho más sencillo pero mucho más fuerte, al que no era fácil detener y cuyo pensamiento (en el único sentido inteligente de esta expresión) era el propio de un librepensador. No podía evitar, aunque fuera de manera inconsciente, plantearse todas las preguntas que uno podía plantearse y contestarse a todas las que supiera contestar, y todo esto lo hacía con la misma naturalidad con que respiraba o con que circulaba la sangre en sus venas. Pero conscientemente nunca actuaba fuera de la esfera de su propio deber; y en este caso siempre ponía adecuadamente a prueba estas dos actividades. Se disponía a reemprender su caminata con paso cansado bajo la débil luz del amanecer, diciéndose para sus adentros que aquello no era asunto suyo, aunque dándole instintivamente vueltas y más vueltas en la cabeza a dos docenas de teorías capaces de explicar aquellos extraños ruidos» (La ensalada del Coronel Cray).

52 comentarios:

Josep dijo...

No sé si mi afición a Chesterton supera a la tuya, querida Donna, pero te puedo asegurar sin duda que he releído todas las aventuras del Padre Brown en varias ocasiones y sigue siendo para mí uno de los mejores detectives del imaginario.

La forma en que Chesterton aborda esos intrincados casos es ejemplar; cada aventura tiene la extensión justa para mantener el ánimo en suspenso y no se demora en descripciones que lleguen a pausar el ritmo de la narración.

Como cinéfilo solo puedo deplorar que tan ilustre personaje cuente únicamente con una película (protagonizada por Alec Guiness) y una serie de la televisión británica de la que tengo noticia pero no he podido ver.

Me parece mentira que, ante la falta de buenas historias en las pantallas actuales, a nadie se le ocurra acudir a una fuente tan inagotable y tan distinguida.

Saludos.

Donna Angelicata dijo...

Sí, apreciado Josep. Miles de millones de veces (tal vez más) me he cuestionado interiormente lo mismo que vd. y la única conclusión plausible que se me ocurre es que los directores de cine son unos cabezas de chorlito (por supuesto hablo de los americanos, los españoles merecen una categoría insultante aparte) si no ven en cualquier historia del simpático Padre Brown una trama para una película perfecta. Les perdonaremos porque también hacen, o más bien hicieron, películas divertidas (por cierto, insulténme ustedes, pero el otro día ví un trasunto de "Emma" que me divirtió muy extrañamente, se trata de "Clueless" con la adorable Alicia Silverstone -reconozco que hasta yo me enamoré de ella-. Bueno, me gustaría conocer la opinión de alguna autoridad cinéfila suprema. Codazo, Sr. Josep-).

Sé de la existencia de esa película, que no he visto, y tengo la serie de la BBC. Para mi desgracia la compré por Internet y su procedencia era de Holanda. No contaba con que no tendría subtítulos mas que en holandés y mi inglés, por desgracia, no es tan perfecto como para entender todo. Shame on me!

Josep dijo...

Veo que estamos de acuerdo, Donna, en el desconocimiento del porqué unas historias tan deliciosas y entretenidas son desestimadas por la industria del cine.

La película de Guiness no es nada del otro mundo, salvo por la actuación del actor.

Esa serie con Kenneth Moore estuve a punto de comprarla, pero tuve la suerte de advertir la pifia de los subtítulos: otra incógnita que no sé resolver, la de no incluir subtítulos en castellano, siendo así que el público potencial es enorme...

Luego se quejan de internet...

Esa de la adorable Silverstone no la he visto: me la apunto y ya te diré... pero no me comprometas con tales halagos...

Saludos.

Donna Angelicata dijo...

Sí, aunque yo lo que esperaba tan solo eran unos subtítulos en inglés, ¡qué mínimo! (en castellano, habría sido como quien espera una sopa de ajo y recibe un entrecote de ternera lechal).

La película de la entonces adolescente Srta. Silverstone no es que esté en la cima de la historia del cine, pero estoy convencida de que es el paradigma (nótese que empleo palabras muy cultas) del cine de comedia adolescente, donde, de hecho, pocas veces hay precisamente eso, comedia.

liuva dijo...

Angelicata, celebro su recuperación melancólica. Prueba de esa recuperación es la entrada que ha puesto del señor Chesterton y su detectivesco Padre Brown. Mucho mejor para su salud mental (creo) es leer a Chesterton y no a Thomas Bernhard o a Schopenhauer.

G.K. Chesterton tenía de lo español una curiosa y rudimentaria noción. En su novela “El escándalo del Padre Brown”, que se desarrolla en Méjico, llama “dagos” a los mejicanos y por extensión a los españoles, portugueses e italianos. “Dago” es una corrupción del nombre Diego, nombre, según él, muy común entre los aventureros del descubrimiento y conquista de América.

Mr. Rock, uno de los personales de la novela (norteamericano), dice: “todos los gángsters son dagos y todos lo dagos son gángster”.

El Padre Brown defiende a los “dagos”, pero ¡de qué manera!:

“Así, dice el Padre Brown, usted sabrá que, gracias a estos dagos, el pueblo anglosajón es un pueblo civilizado”

“Bien, existió un dago llamado Julio César. Fue más tarde muerto a puñaladas. Y hubo otro llamado Agustín, el cual trajo el cristianismo a nuestra pequeña isla; realmente yo no creo que hubiéramos tenido una gran civilización sin esos dos”

Maravillosa lección de historia.

liuva dijo...

Hablando de detectives de novela negra y policíaca, no cabe duda de que el Padre Brown era un buen detective (bastante mejor que historiador) y, cuando era ayudado por Flambeau, mucho mejor. Pero hay otros detectives tan famosos o más que él.

Hace tiempo leí una novela de Andrés Trapiello, “Los amigos del crimen perfecto”, en la que existía el Club del Crimen Perfecto donde se reunían unos cuantos fanáticos de la novela negra y cada uno tenía un apodo de un gran detective. Había, por ejemplo, un Sam Spade, un Phillip Marlowe, un Hércules Poirot, un Perry Mason, una Miss Marple, un Tom Ripley, un Maigret, un Sherlock Holmes, un Nero Worlfe, un Auguste Dupin, etc.

A mí no es que me seduzca mucho la novela negra, pero por simple curiosidad seguí la pista de cada uno de los detectives para situarlos en su contexto y, así, me hice una chuleta con los detectives y sus creadores. Si ustedes están interesados se la puedo poner. O mejor aún, intenten emparejar a cada detective con su creador. También hay grandes películas con casi todos estos detectives.

Librepensador dijo...

¡Pero si a mí Schopenhauer me parece que tiene sentido del humor!

David PM dijo...

¿Y a quién prefiere usted, Donna? ¿A al Padre Brown o Sherlock Holmes en sus aventuras con "Harry" Jardiel Poncela? La vida es elección, ¡decántese! :)

Donna Angelicata dijo...

Liuva, gracias por su comentario chestertoniano, me ha gustado mucho.

En referencia a su última aportación detectivesca, supongo que habrá visto la divertida película "Un cadáver a los postres". No voy a poner el diálogo de Benson Señora porque he debido ponerlo cuarenta y siete veces (no, no insistan).

David, no estoy muy de acuerdo en lo de que la vida es o tenga que ser necesariamente elección. Puede que en ciertas cuestiones de trascendencia vital sea así, pero, ¿para qué elegir entre dos cosas que una considera maravillosas, disfruta con ambas y no perjudica con la no-elección a nadie?. Con esto solo quiero decir que adoro "Las novísimas aventuras de Sherlock Holmes" de Jardiel al igual que adoro los relatos del Padre Brown. Si es que acaso la pregunta se hubiera formulado como qué obra salvaría de la quema, entonces esa es otra cuestión. Como me alegro de que no fuera esa la pregunta.

Chuso dijo...

Lo leí cuando era niño (yo, no el gran Chesterton) y aprovecharé la reedición para releerlo ahora.

Librepensador dijo...

¡Demonios (sin ángeles)!

O sea, que después de una larga travesía del desierto (motivada a problemas inconfesables con mi conexión a internet) sin poder recalar en este auténtico oasis y/o vergel que para el mundo del pensamiento, de las artes y de las letras representa el blog de Donna, cuando por fin soy capaz de reincorporarme a lo que suponía iba a volver a ser la dinamo (intelectual) que iluminara los escasos farolillos del interior de mi caletre, ¡resulta que me encuentro con que la última de las entradas, la del tal Chuso, coincide con que fue la última que pude leer antes de mi caída a los infiernos de la realidad rampante (la que carece de acceso al ciberespacio)!

Por si esta desagradable sorpresa fuera poco pesada para cargar sobre mis hombros, me asaltan de improviso temores que hasta ahora habían permanecido ocultos, como por ejemplo, que este prolongado lamento que entono caiga en el vacío del olvido, y que como desesperado mensaje en la botella de un solitario náufrago, vague sin respuesta por los procelosos mares que cada vez controlan un menor número de filibusteros (léase Microsoft y Google).

liuva dijo...

Señor Librepensador, recojo su desesperado mensaje en la botella, pero me temo que esta isla ya se ha quedado desierta. Los integrantes del Argos que hacíamos la travesía en busca del vellocino de oro ya han arriado y nos han dejado solos en la isla. Una pena. Habrá que lanzar más mensajes y más botellas.

La poetisa polaca y premio Nobel de literatura WISLAWA SZYMBORSKA también tiene una parábola metida en una botella:
PARÁBOLA

Ciertos pescadores sacaron del fondo una botella.
Había en la botella un papel, y en el papel estas palabras: "¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta. Estoy en la orilla y espero ayuda.
¡Dense prisa. Estoy aquí!"
-No tiene fecha. Seguramente es ya demasiado tarde. La
botella pudo haber flotado mucho tiempo, dijo el pescador primero.
-Y el lugar no está indicado. Ni siquiera se sabe en qué océano, dijo el pescador segundo.
-Ni demasiado tarde ni demasiado lejos. La isla "Aquí" está
en todos lados, dijo el pescador tercero.
El ambiente se volvió incómodo, cayó el silencio. Las verdades generales tienen ese problema.

De "Sal" 1962
WISLAWA SZYMBORSKA

Donna Angelicata dijo...

Adorables amigos,

No se imaginan la aflicción y tormento que me invaden por haber abandonado esta isla, como dicen.
No tengo justificación, o si la tuviera, el no dársela es lo que no la tiene. No he tenido la valentía de despedirme de ustedes, quizás porque no quería despedirme, ni quiero.

Lamentablemente los motivos que me llevaron a comenzar este blog, han desaparecido, y aunque lo he intentado, creo que no puedo continuar sin los mismos. Lamento este vacío. Ojalá algún día todo vuelva a ser como antes, haría todo lo posible porque así fuera, pero por ahora, con todo mi pesar, sí tengo que despedirme de ustedes. Y lo hago con una reciente lectura, Shakespeare y su "Antonio y Cleopatra".

"Farewell, my sister, fare thee well.
The elements be kind to thee, and make
Thy spirits all of comfort: fare thee well."
William Shakespeare, Antony and Cleopatra.(Caesar at III, ii)

Adios, amigos.

Librepensador dijo...

¡Voto a bríos amigas mías, se desprende tanta melancolía de sus escritos que van a conseguir que yo, pese a estar vacunado parcialmente contra ese estado de ánimo, acabe rebozándome en él con la panza apuntando al cielo, tal y como una despreocupada cabeza de ganado porcino lo haría sobre el barrizal! Y si no me pesa protagonizar un acto de tan enlodazada enjundia será únicamente porque llevándolo a cabo vendría a dar unos cuantos siglos después la razón a Don Miguel, quien puso en boca de Sancho Panza estas (como siempre) sabias palabras: "Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias".

Por ello, y porque sé que una de las partes de la prudencia es que lo que se pueda hacer por bien, no se haga por mal, es por lo que me viene a las mientes aquello de que "todavía es consuelo en las desgracias hallar a quien se duela de ellas". Puesto que no seré yo quien ose desmentir estas sazonadas razones, hallen consuelo en este humilde librepensador quienes se encuentren sumidos en alguna de esas lagunas de tristeza con las que la vida adorna a menudo -con el gusto churrigueresco que le es propio- el panorama de la existencia. Pero eso sí, recuerden muy bien lo que les digo...

¡¡No me conforme con que esto acabe así!!

He dicho.

liuva dijo...

Angelicata, ¡Oh Capitán, mi Capitán!, nuestro azaroso viaje ha terminado.
Al fin venció la nave y el premio fue ganado.

Qué pena que esto se acabe, porque quería batirme en duelo dialéctico con el señor Anónimo sobre las bondades poéticas de Mario Benedetti. Estoy segura que a él Mario Benedetti le cautivaba casi tanto como Saramago.

Señor Librepensador, cuídese.

Angelicata, me despido de usted con una poesía de Mario Benedetti. Nuestra relación empezó con la Piaf y acaba con Benedetti, podía haber sido peor.

Chau número tres

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Anónimo dijo...

Perdone, Doña Liuva pero ya que insiste en que nos peleemos aquí y no en el blog de la honorable Sakura procedo(aunque no entiendo muy bien su insistencia de discutir en un sitio determinado, yo sin ir más lejos(ni más cerca) siempre acepto una buena pelea donde me pilla, ya fuere(observen, futuro imperfecto de subjuntivo, gracias, digna madre! por hacer que de todos tus hijos el mejor, o sea yo, tenga tantísimas razones para ser narcisista)fuere en el lavadero, fuere en las habitaciones de la empleada doméstica o fuere en el kilométrico jardín). Pues bien entro en materia al anunciar que está vilipendiando, querida Liuva, a Chesterton al malinterpretar al padre Brown cuando dice eso de los Dagos, pues nuestro clerical amigo no está de acuerdo con la injuriosa denominación sino que sigue de un modo sarcástico lo que dice, creo, el señor Rock. Bueno, espero que haya recibido bien el golpe.Y me despido no sin recomendar uno de los últimos libros que he leído(modestamente, tengo que decir que mi marca en lecturas de libros supera a la de Alberto de Bélgica) y que sin duda servirá para animarles y alegrarles las pajarillas o los pajarillos(cómo se dirá?) a la melancólica concurrencia aquí presente; se trata nada menos del estimable libro Y se nota por fuera de Teresa Gimpera. Saludos a casi todos.

Anónimo dijo...

Sobre lo que pienso del señor Benedetti no quisiera ofender a nadie(o más bien si), pero se equivoca, no tengo la misma opinión que tengo por ejemplo sobre el nazi Saramago, de hecho no tengo ninguna. Algunas veces algunas personas me lo han citado y he intentado romperme la cabeza(con poco éxito) para adivinar qué demonios querían decirme con esa cita(que supongo que no tenía sentido). Sólo el hecho de que sea tan celebrado por la chusma, la gentuza, lo más bajo de lo más bajo de la cadena alimenticia de los seres vivientes hace que entre en sospechas de que no puede haber nada bueno ahí( sobre todo a mí, un ser tan elitista y refinado que Noel Coward y Wilde están de mi tan lejos como ellos puedan estarlo de Juanito Navarro). Benedetti? Sin duda,el pianista.(Madre mía, que aforístico que estoy hoy)

Anónimo dijo...

Nadie contesta(A mí me dan mucha pena esos blogs en los que no hay ni un miserable comentario). Creo que tengo abundantes razones para además de ser egocéntrico y narcisista, solipsista; por lo tanto afirmo claramente que si alguien contestara sería yo mismo(es más casi estoy seguro de que sería una emanación de mi yo de las más tontas) y del mismo modo tengo que llegar a la conclusión que yo mismo soy el que no me contesto. Ahora bien, me gustaría saber ¿por qué yo mismo no me contesto?

liuva dijo...

Señor Anónimo, cuando usted me contestó en el blog de Sakura he de reconocer que dudé de su verdadera identidad y no le tomé muy en serio. Pero como insistió, le contesté aún sin creérmelo mucho. Claro que, pensándolo bien, cómo se puede saber si un señor anónimo es el señor Anónimo.

Respecto al tema de Chesterton y los Dagos ya no tengo más que decir, me parece lamentable que él diga en boca del padre Brown lo que dice. Meter en un párrafo a San Agustín, a Julio César, a todos los mejicanos, italianos, portugueses y españoles, y llamarlos a todos gánsters, es más propio de Dan Brown que del padre Brown. De todas maneras, como ya le dije una vez, hablando de curas, encuentro mucho más divertidas las historias de Don Camilo y Don Peppone de Giovanni Guareschi que las del padre Brown. Señor Anónimo, “sus” escritores ingleses me siguen pareciendo unos angloaburridos.

Y si ya empezamos a hablar de un libro de Teresa Gimpera, es que definitivamente este blog está cadáver. ¡Qué pena, Angelicata! Con decir que una película suya se llama “Más fina que las gallinas”, está todo dicho.

liuva dijo...

Como me imaginaba, Mario Benedetti a usted ni fu ni fa. Hace bien, siga leyendo a la Gimpera y goce con sus películas.

Mario Benedetti formó parte de la Generación del 45 uruguaya junto a Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti. Los tres ya difuntos.

Idea Vilariño fue una fascinante poetisa que estuvo enamorada toda su vida de Juan Carlos Onetti, y éste de ella, pero cuando la cosa llegó a su fin Idea Vilariño tomó la pluma un día y le escribió a Onetti un poema inolvidable de despedida. El poema quedaría grabado para siempre como ejemplo de portazo definitivo, de intensa, desesperada y unánime clausura. Lo copio:

ADIOS

Aquí
lejos
te borro.
Estás borrado.

Este poema ha estado escrito en la puerta de mi nevera durante años.

Anónimo dijo...

Saludos,vieja y querida Liuva, que usted me reconozca finalmente es equiparable a que me reconozca mi madre como su hijo más brillante(como hace sin duda mi buena madre, gracias madre!)
La poesía de Vilariño aunque admirable en su carácter sintético, no borra nada pues cuando quieres borrar algo no se lo dices al borrado, y si se lo dices es para que se pique un poco. Por lo tanto, como conclusión de un amor es patético y está al dudoso nivel del "ya no te ajunto".

Anónimo dijo...

Perdone, mis halagos a la inmortal Gimpera radican no en sus obras fílmicas, sino en su ágil y esbelta pluma. Alguien, conocedor de mi sutil y fina ironía que manejo como el más hábil esgrimidor desde los tiempos del zorro, erraría al pensar que estaba siendo irónico. En absoluto. Ve al Parnaso inmortal Gimpera y cerrémosle las puertas al masivo Benedetti!.
Por otra parte, advierto su testarudez antichestertoniana, mi buena dama, pero en este caso yerra otra vez.

Anónimo dijo...

También observo(desde luego madre te luciste proporcionando a tu hijo más noble de las más inverosímiles dotes observacionales, gracias madre, gracias, gracias, gracias, gracias-esto me recuerda a la gente que denosta el sistema educativo vigente, ya fuere el picapedrero, el infernal Eso o el romano y en contraposición alaban el más antiguo, el jurásico, el Bup o el griego, y oh casualidad! ellos estudiaron con este último y ¿no es cómo si dijeran "gracias madre naturaleza! por haberme hecho tan increíblemente inteligente que tenga que dirigirme a esta pandilla de subnormales a la que tengo la desgracia de hablar"-). Bueno, y ahora me doy cuenta de que olvidé lo que iba a observar, usted se lo pierde Liuva y este es el grave peligro de las grandes digresiones, queridos niños(encima con enseñanza moral, qué grande eres!; eres igual que Mur Oti que dijo aquello tan titánico de que en España no había ninguna piscina en la que él cupiera). Y no olvido recomendar un libro mejor que el de la Gimpera(¿podrás perdonarme diosa parnasiana?) Alarmas y digresiones de Chesterton en la vieja colección Austral.

liuva dijo...

Señor Anónimo, le encuentro a usted bastante abundante últimamente.

La poesía de Idea Vilariño es admirable, sin más. Su relación con Onetti fue tan extraña, tan inaudita, que ese poemita de “Adiós. Aquí lejos te borro. Estás borrado”, fue la única forma de que Onetti se enterara que estaba borrado de su vida.

Un ejemplo, cuenta Idea Vilariño: “Una noche me llamó desesperado para que fuera a verlo. Yo estaba con alguien que me amaba y lo dejé por ir a pasar una noche con él. Y recuerdo que lo único que hicimos fue ponernos de espalda, leyendo un libro él, y yo otro. A la mañana siguiente le agarré la cara y le dije: sos un burro Onetti, sos un perro, sos una bestia. Y me fui”.

Burro, bestia, perro, pero a Onetti están dedicados todos y cada uno de los poemas de amor que escribió Idea Vilariño. Lea usted algún poema de la Vilariño a ver si se amansa un poco.

liuva dijo...

Ya puestos a desvariar prefiero la plagiaria pluma de Ana Rosa Quintana a la ágil y esbelta de la parnasiana Teresa Gimpera.

liuva dijo...

Me voy a mi casa. Le dejo con un poema de Idea Vilariño, y si hay alguien más, pues que también lo lea, que es gratis.

ESO

Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.

Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.

Anónimo dijo...

Mi abundancia puede deberse a muchísimas causas, mencionaré algunas de ellas pero lo más probable es que sean casi todas falsas, regresé de la isla Melville(los apasionados de mis enjundiosos comentarios sin duda recordarán una enigmática referencia a una estancia mía con los Inuit), la lectura de la parnasiana Gimpera que ha obrado milagros en mi apolínea madurez, la simpática exuberancia con la que me dotó nuestra madre Naturaleza o bien la lectura del genial libro de Atkinson un ejército al amanecer.
Lo que usted nos cuenta de ese amor Onettiano es extrañísimo; y lo que me llama más la atención es el desparpajo con que la tal Vilariño deja a alguien que la ama para irse con el pelma de Onetti. Una bruja de la peor especie!

Anónimo dijo...

Gracias por el poema, y ahora puesto que soy el único que está con usted en el ascensor diré que es muy interesante.
A cambio le pagaré con dos fragmentos de un poema mucho más largo.
"Perdonadme esta digresión, que me pare
extasiado por un momento , cuando el buen ángel del conde ordenó
¡Pon a un lado tu espada, natal enemiga de la oreja,
y deja escuchar vuestra diferencia!"



"Puesto que los jugueteos, permisibles hoy, se convierten
en locuras mañana: la cháchara choca en la iglesia:
y esa falda corta que permite a una doncella brincar
la matrona la cambia por un vestido con cola".

¿no es absolutamente genial lo de natal enemiga de la oreja? ¿y no lo es menos lo de permite a una doncella brincar?
A aquella persona que pueda saber su autor y libro(en menos de dos días) de origen le obsequiaré con un maravilloso libro que mi exquisito gusto escogerá al albur.

Anónimo dijo...

Aunque ya dije que la filmografía gimperiana quizás no está a la altura de su dorada pluma, esto no es obstáculo para que afirme que sus películas son buenísimas si las comparamos con las hispánicas actuales(¿no habrá un ser benéfico y previsor que en una de esas minas abandonadas reúna a hispánicos actores, guionistas, directores, iluminadores,conductores de camión y junto con el arsenal de minas atómicas caducadas las explote allí y nos deshagamos de todos ellos?(en cierto modo lo siento por las pobres bombas). Mi proteica mente me induce a la reflexión de que quizás se debiera a que en aquel momento el hispano cine era un piélago de geniales obras(los que atesoran mis comentarios como las parcas y profundas palabras de un viejo, desdentado, sucio y enigmático chamán sin duda recordarán mi apodíctico aserto de que "No desearás al vecino del quinto" era una de las grandes obras de la filmografía universal). Saludos, estimada Liuva espero que pase un buen día. (Estoy pensando que no sería mala idea que los familiares de los actores también se pasaran por la mina)

Anónimo dijo...

Me veo en la necesidad (¡Necesidad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre! ¿Por qué,repentinamente me pregunto, nadie lucha por la necesidad como los idiotas suelen luchar por la libertad o esa cosa con nombre de abuela solterona? Bueno, quizás por que si alguien luchara por imponer la necesidad entonces ya no sería necesario, (aplausos frenéticos)) de aclarar que cuando antes citaba a los conductores de camión,(vulgo, camioneros) no me refería a todos los que deambulan con esos grandes artefactos y que algunas veces obstaculizan mi dinámica actividad, sino sólo a los que cooperan con la criminal actividad fílmica ibérica, llevando cámaras, atrezzo, toallas, etc.)

liuva dijo...

Estoy de acuerdo con usted cuando quiere mandar a la mina a todos los integrantes (incluso familiares y camioneros, sí, los camioneros también) del cine español actual. Y eso que no nos enteramos de la mitad del cine que se hace. Hace unos días leí que el 40% de las películas españolas no se estrenan en cines o tienen menos de 100 espectadores. En el 2008 se rodaron 173 películas españolas, 24 de ellas no llegaron a 100 espectadores y 46 se han quedado sin estrenar. A la mina con todos.

Pero decir que “No desearás al vecino del quinto” es una de las grandes obras de la filmografía universal, es como para mandarle a usted a la mina junto con los camioneros.

liuva dijo...

Le agradecería que me dijera, antes de que se encienda la mecha en la mina, de quién es el poema ese que ha puesto de “Pon a un lado tu espada, natal enemiga de la oreja”. Y no me obsequie con maravillosos libros, que ya me veo leyendo a otro angloaburrido.

Anónimo dijo...

Estamos de acuerdo y esa coincidencia deberá registrarse como una de las cimas de la historia a la altura del encuentro que tuvieron Aníbal y Escipión(o fueron dos veces?). Sin embargo, sus denigrantes palabras sobre el vecino del quinto la descaifican como aspirante a la crème de la crème de la humanidad(quizás sólo a la crème). ¿No recuerda la sutil imitación de Landa del homosexual? ¿La provechosa enseñanza del ginecólogo? En fín, hay tantos detalles que sería inútil que derrochara mi riqueza argumentativa contra su persistente cerrazón estética.

Anónimo dijo...

Perdone, pero no(he de decir que esperaba más de su enciclopédico conocimiento). Aún tiene tiempo hasta las cuarenta y ocho horas de plazo.Sin embargo daré pistas, es una traducción aparecida el año pasado, por supuesto era inglés y del siglo XIX, y que me maten si en cierta película el padre de ella no era un gran actor que era la copia viviente de mr. Magoo. Perdone, y mis libros obsequiados, no quiero jactarme, siempre dan en el blanco(¡qué penetración psicológica tienes querido hijo! Siempre me dice cierto pariente del que no digo más para no vulnerar su intimidad)

Anónimo dijo...

Bueno, daré más pistas, si encima que sómos solo dos se enfría tendré que dedicar el resto de los comentarios que haga al solipsismo. Hay una relación chestertoniana, digamos que indirecta en su gigantesca obra( y no quiero presumir pero ya poseo diez volúmenes de la edición Ignatius de Chesterton) una de sus biografías está destinada a este victoriano autor.

Anónimo dijo...

Pista definitiva:
"¿Veis este anillo?
Es obra romana, hecha a la par,
(por la destreza imitativa de Castellani)
de las ajorcas estruscas encontradas, una alegre mañana,
tras un goteante abril; encontradas vivas..."

Así comienza este gigantesco poema; aunque realmente yo no sabría como catalogar esta obra. Y la traducción de una obra así me parece algo suprahumano(En la edición se dice que el traductor tardó quince años en hacerla, y me parecen muy pocos)

Anónimo dijo...

Hoy me he despertado con una pereqrina y poco chestertoniana cuestión de ¿quién era mejor Cornel Wilde o Victor Mature? La anécdota que relató Liuva tiempo ha, ilustra la genialidad de Mature y su sentido del humor, nada comparable a los gigantescos egos de los llamados actores hispanos. Esta pregunta, aparentemente estúpida, conlleva una carga de reflexión tan profunda como la de ¿quién llevó una estrategia mejor en la guerra del Pacífico, Nimitz o MacArthur?(Creo que esto se va pareciendo a esos foros dónde surgen unas extraordinarias y muy estúpidas preguntas)

liuva dijo...

Con la pista del anillo “¿Veis este anillo?”, ya es otra cosa. El libro es El anillo y el libro y el autor Robert Browning. De este libro dijo Borges: “Quiero resaltar la tarea el método analítico de Robert Browning, cuyo largo poema narrativo El anillo y el libro (1868) nos revela a través de doce monólogos la intrincada historia de un crimen, desde el punto de vista del asesino, de su víctima, de los testigos, del abogado defensor, del fiscal, del juez, del mismo Robert Browning…Su obra es enigmática”.

liuva dijo...

Eso que dice usted de “su persistente cerrazón estética” me ha dolido. Creo que mi sentido de la estética está lo suficientemente desarrollado como para poder apreciar la sublime belleza de un tango cantado por Gardel, por ejemplo. Creo recordar que usted una vez alabó a Manolo Escobar. Esa es, fundamentalmente, la diferencia entre su estética y la mía.

Le voy a poner algo que estéticamente no está superado. Es el arranque de una película (Remordimiento, Ernst Lubitsch, 1932), pero no un arranque cualquiera, es el comienzo de película más hermoso jamás filmado. Son dos minutos de imágenes y después empieza la película.

En Hollywood hay un máxima que dice que una película debe comenzar con un terremoto y luego ir subiendo en intensidad hasta alcanzar el climax. Este inicio tiene algo de eso.

Véanlo, emplazo también a los cineastas de este blog, y luego si quieren comentamos algunas de sus sublimes escenas.

http://www.youtube.com/watch?v=84WxGnM1f0g

Anónimo dijo...

Perdone si le ha dolido, pero entonces es que entonces debe tener una persistente cerrazón a la ironía. Y jamás he mencionado al señor Escobar laudatoriamente. Bueno, entonces ganó; si, era Browning y el pasaje que escogí al principio era dificilísimo. Bueno, ahora pensaré en el libro que merece(diga lo que diga).Suponiendo que Donna no esté muerta podré localizarla(si le place, claro) a través de su mail. (Su gusto de Lubitsch me reconcilia de sus saramagueces y cosas así)

liuva dijo...

Señor Anónimo, le refresco la memoria. Día 18 de octubre de 2007,

Anónimo dijo...
Si, si que hay mujeres en Adzaneta. Es curioso cuando uno se libra de una carga, todo aparece poblado de mujeres y al contrario. Vivan le femmnine, viva el buon vino sostegno e gloria d´humanita, diganme un sitio donde no se consideren en alto grado a ambos y estaremos en plena barbarie.

liuva dijo...
¡Qué horror! Señor Anónimo, se está ud. igualando intelectualmente a Manolo Escobar:
“Viva el vino y las mujeres
y las rosas que calienta nuestro sol.”

Anónimo dijo...
Perdone, dadas sus palabras de ayer someteré a una rectificación a ese gran artista (que comparado con los predicadores cantantes me parece un genio):
"Viva el vino y las mujeres
y las coliflores que calienta nuestro sol"

Perdóneme, pero si decir que Manolo Escobar es un “gran artista” no es hablar de él laudatoriamente… Hay que aceptar el pasado, hasta el Günter Grass ha aceptado su pasado nazi, cosa que no ha hecho, por cierto, el papa Ratzinger, o sólo lo ha hecho a medias.

liuva dijo...

No se preocupe por el libro y deje tranquila a Angelicata, que seguramente estará tocando el violín con una guadaña, dígame cuál es el libro que me quiere regalar y ya me lo compro yo aquí. Procure que no sean las obras completas de Chesterton.

Anónimo dijo...

Touchée. De acuerdo que hablé laudatoriamente, pero son unos laudos muy relativos. No quiero recurrir a argucias sofísticas pero cualquier cosa que emita sonido me parece mucho mejor que los tipos Sabina o Serrat. Digamos que no son unas alabanzas per se.

Anónimo dijo...

Tiene gracia lo de Gunter Grass. Hoy en mi lugar de trabajo(que no diré para seguir haciéndome el interesante) se ha hablado del tal personaje y cómo su confesión de pertenecer a las ss se hizó muy tardíamente y precisamente antes de que un historiador desvelase(sería Fest?) el secreto. Con que usted puede darle a esa confesión el valor que realmente tiene.


La autocrítica es bien loable.

Cuando veo en mí algo criticable,

Primero saco el provecho,

De ser humilde de hecho,

En segundo lugar piensa la gente,

Que este hombre es decente;

Tercero, les quito este bocado,

A los que me habrían criticado;

Y, cuarto, espero finalmente

Que me contradigan agradablemente,

Así consigo que todos sepan al final,

Que soy un tipo fenomenal.

Anónimo dijo...

Perdone, un trato es un trato.No se preocupe por el libro ni yo mismo sé cuál será, pero seguro que dará en la diana psicológica de su mente. Y Angelicata será necesaria(ya fue necesaria su intermediación de los mail cuando de la hoy extinta y añorada Anónima se hizo necesaria su mail), así que más vale que salga de su tumba o donde esté. Pues no sabe lo que es rechazar las obras completas de Chesterton de Plaza y Janés(sólo los auténticos imbéciles reconocen que son obras completas) son carísimas y de las ediciones de Janés creo que son las que tienen un valor más alto.

Donna Angelicata dijo...

¡Añorados amigos!

Supongo que todavía no es demasiado tarde para decir "pío".

Me había despedido con las tristes palabras shakespearianas pues de verdad era (creía) una despedida, pero me están tentando ustedes tanto que en fin, estos son los hechos mondos y lirondos, aquí estoy otra vez.

Debo señalar, antes de todo, que me lo he pasado tremendamente bien con sus grescas de siempre y que he lamentado en muchos momentos, haberme despedido tan melancólicamente. Intentaré que no sea un adios eterno, pero, aunque no estoy con el violín y la guadaña, otros asuntos de índole académica me reclaman y no dispondré de tanto tiempo y constancia.

Bueno, puesto que se me ha llamado, acudo con suma prontitud aunque sea para decir que no veo en qué modo puedo yo colaborar a que este libro sea entregado en tan justa causa (Liuva, no creo que debiera negarse), pero si se refiere a que la srta. Liuva haga uso de mi email para facilitarme su correo y usted, dadivoso Anónimo, haga lo mismo, apunto que estoy dispuesta a que se me utilice de esa manera tan mercúrica.

Anónimo dijo...

Viendo yo el indiscreto contador que tenía nuestra anfitriona, me preguntaba sobre quien sería el idiota que nos leía además de Liuva y yo mismo, pero no podía imaginar que dicho idiota fuera nuestra querida anfitriona. Felicidades por su vuelta, discretamente supondremos que estuvo haciendo oposiciones o algo tristemente parecido. Pues sí, la necesitábamos como necesaria intermediaria, si se pone en contacto con usted, como le ruego a Doña Liuva, puede darle las tranquilizadoras y modélicas referencias de mi comportamiento en un caso parecido con la ausente Anónima y cómo desde que salí del hospital psiquiátrico de locos peligrosos hace cinco años he sido tan bueno que el próximo domingo seré vocal en una mesa electoral(si eso no es rehabilitación es que debo estar completamente loco). Soy muy feliz de su vuelta Donna(si se me permite una vez no ser irónico)

liuva dijo...

Señor Anónimo no tengo ningún inconveniente en dar un email en público, es más, se lo voy a poner aquí, pero se me hace difícil entender cómo me va a mandar un libro por email:

laslentejasdesakura@gmail.com

Angelicata, ya que está por aquí de ronda, le voy a pedir un favor. Cada vez que entro en su blog tengo que pasar un montón de páginas para llegar a los comentarios, su entrada sobre Chesterton le salió tan abundante como su contorno (el de Chesterton, no el suyo, el suyo estoy segura que se asemeja al de la emperatriz Sissi: 49 centímetros de cintura de avispa.

Lo que le quiero pedir es que haga una nueva entrada cortita, y si no tiene ganas de poner nada, no lo ponga, sólo ponga “entrada cortita para que Liuva deje de dar la lata”.

Anónimo dijo...

Perdone, es usted verdaderamente amable. Está claro que no se lo mandaré por mail pero a través de su mail podria obtener un lugar, apartado de correos, lo que fuere, en que discretamente se lo pueda enviar. Perdón, suena un timbre y centenares de personas reclaman mi presencia. He visto lo de Remordimiento y me parece buenísima.

Donna Angelicata dijo...

Sí, Liuva, lo estaba pensando también. Pero no, pondré algo un poco más sustancioso y como ahora mismo tampoco tengo tiempo de una entrada de gran ingenio (por mi parte), les pondré una cosa divertida que hace poco me redescubrió alguien (espero que no sea demasiado largo para su dedo índice)

Anónimo dijo...

[color=#0066cc]Ciao a tutti,
io vorrei col vostro permesso dibattere su a proposito di certa roba che probabimente e' un pochino non consono al tema di questo forum, ma nonostante tutto io spero che un po di OT sara' tollerata. Sono una ragazza di 43 anni, con una grande interesse per [/color] [url=http://semidicannabis.splinder.com/post/16150051/tricomi-e-thc]semi di cannabis[/url] [color=#0066cc] e mi piace trasmettere questa interesse anche grazie a questo website. adesso che sono qui, non aspettate a inviarmi emails.

baci baci

Cureggia[/color]

Anónimo dijo...

simply dropping by to say hey