viernes, marzo 20, 2009

Los relatos del Padre Brown (G. K. Chesterton)

Hay compras que son verdaderamente extraordinarias, exquisitas, yo incluso diría, sobrenaturales. Una siente con ellas el goce casi infantil del que halla un tesoro de alguna tierra inmemorial y quiere mostrar, con el pecho henchido de orgullo, su descubrimiento al mundo.

Al margen de este pueril, pero heroico, razonamiento, no creo que a estas alturas vaya a revelarles nada extraordinario que no sepan de mis preferencias, en este caso, literarias. Pero aún así, les confieso que hay en mí una suerte de enigmático y fascinante redescubrimiento eterno de este autor que me lleva magnéticamente a la compra (¡y lectura!) compulsiva de cualquier reedición que de sus escritos se hace. En este caso, además, se trata de algo grandioso, imprescindible en cualquier biblioteca, la recopilación de todos los relatos detectivescos del adorable Padre Brown que lleva a cabo la editorial Acantilado.

Al buscar algo de información del mencionado libro, me he topado providencialmente con una página que realiza un monumental artículo acerca de estos relatos y en la que nada falta y nada sobra. Por una vez, solo por una vez, no comparto una opinión de Chesterton, aunque claro, esto es porque perjudica al propio Chesterton, y es cuando escribió aquello de: "El gran clásico es un hombre del que se puede hacer el elogio sin haberlo leído".

No, no, no. Me niego. Lean a Chesterton, lean a Chesterton, lean a Chesterton.


EL PADRE BROWN
Son cinco recopilaciones de relatos tituladas: El candor, La sabiduría, La incredulidad, El secreto y El escándalo del Padre Brown .

El candor del Padre Brown
(The Innocence of Father Brown, 1911)
Doce relatos. Destacan: La cruz azul, el primero, en el cual el famoso delincuente Flambeau se disfraza de cura y el P.B lo descubre: «Usted atacó la razón; y eso es de mala teología»; Las pisadas misteriosas, quizá el mejor caso a juicio del mismo P.B, pues en él logró evitar un crimen y acaso salvar un alma, gracias al sencillo procedimiento de haber escuchado unos pasos por un pasillo; La muestra de la espada rota, la resolución de un enigma histórico, una batalla en la que «uno de los hombre más sabios del mundo obra un día como un idiota, sin ninguna razón», y «uno de los hombres más buenos del mundo obra un día como un demonio, sin ninguna razón».Además están: El jardín secreto, en el que un hombre tiene la notable cualidad de que su presencia es tan ostensible como su ausencia; Las estrellas errantes, el último delito de Flambeau, un robo de joyas que contaba él mismo en su «edificante vejez» y a partir del cual abandonó la delincuencia; El Hombre Invisible, acerca de un personaje que resulta mentalmente invisible para quienes le rodean (un relato muy valorado por los expertos en el género); La honradez de Israel Gow, un caso de honradez tan extraño como alambicado que se desarrolla en un castillo escocés; La forma equívoca, el misterioso asesinato de un poeta drogadicto; Los pecados del príncipe Saradine, un hombre perverso que se confunde porque olvida la virtud humana; en El martillo de Dios aparece asesinado un eclesiástico perteneciente a una familia de aristócratas; en El ojo de Apolo Flambeau estrena oficina y se habla de «una de esas religiones nuevas que le perdonan a uno los pecados asegurando que nunca los ha cometido»; en Los tres instrumentos de la muerte fallece asesinado un hombre muy popular y conocido por su alegría permanente.

La sabiduría del Padre Brown
(The Wisdom of Father Brown, 1914)
Doce relatos. Mis preferidos son tres: El hombre del pasaje, de ambiente teatral, en el que los espejos tienen la clave; La peluca roja, de ambiente periodístico, en el que se dice la famosa frase «el periodismo consiste principalmente en decir “muere lord Jones” a gente que no tenía ni idea de que lord Jones estuviera vivo»; El extraño crimen de John Boulnois, o de cómo los pecados veniales resultan a veces más difíciles de confesar que los mortales.Los otros son: La ausencia del señor Copa, el criminólogo científico Orion Hood no resuelve un misterio que sí aclara el P.B.; El paraíso de los bandidos tiene lugar en Italia cuando al carruaje donde viajan un banquero inglés y el P.B. lo asaltan unos bandoleros; en El duelo del doctor Hirsch un famoso científico ateo es desafiado por un italiano creyente que luego desaparece, y cuando Flambeau no comprende qué ha pasado el P.B. le indica que la prueba moral es más clara que cualquier otra prueba; El error de la máquina es un caso de cuando el P.B. fue capellán en una prisión de Chicago, veinte años atrás, en el que se había condenado a un delincuente a partir del testimonio de un detector de mentiras; La cabeza del César es un caso de chantaje familiar que termina con un suicidio; en El fin de los Pendragon el P.B. frustra las intenciones de un tipo que desea quedarse con la fortuna familiar; en El dios de los gongos su intervención evita el asesinato que se iba a cometer en medio de un combate de boxeo; en La ensalada del coronel Cray aclara la maldición de una sociedad secreta india que pende sobre el coronel Cray; El cuento de hadas del Padre Brown, que se desarrolla en Alemania, trata de un antiguo asesinato sin resolver que cuenta Flambeau al P.B.

La incredulidad del Padre Brown
(The Incredulity of Father Brown, 1926)
Ocho relatos, todos ellos sin Flambeau, uno en Sudamérica, varios en los EE.UU. Para mí destacan: El oráculo del perro o la importancia de tratar a los perros como perros; El milagro de la calle de la Media Luna o lo natural que resulta creer en lo sobrenatural.Luego están: La resurrección del P.B, el único relato donde el P.B. sufre una agresión y que tiene lugar en la costa septentrional de Sudamérica; La saeta del cielo, o cómo el P.B. averigua quién es el asesino de un millonario pero lo deja huir; La maldición de la cruz de oro, un caso relacionado con la arqueología en el cual el P.B. afirma que «resulta mucho más natural aceptar un relato sobrenatural que se refiera a cosas que no comprendemos, que aceptar un relato natural que se oponga a las cosas que comprendemos»; El puñal alado, donde se cuenta por qué al P.B. le daba un estremecimiento cada vez que colgaba su sombrero en el perchero; El sino de los Darnaways, un caso trivial oscurecido por una vieja leyenda de aristócratas arruinados; El fantasma de Gideon Wise, para el P.B. el ejemplo más extraordinario de la teoría de la coartada.

El secreto del Padre Brown
(The Secret of Father Brown, 1926)
Diez capítulos. El primero, titulado El secreto del Padre Brown, es una conversación entre el P.B., Flambeau y un amigo estadounidense, en la que el P.B. indica su secreto: imaginarse con todos los pormenores cómo se puede cometer un crimen y en qué estado mental puede hacerse, la convicción de que «no existe un hombre que sea realmente bueno mientras no sepa cuán malo puede llegar a ser». El último capítulo, titulado El secreto de Flambeau, es un comentario a los casos narrados donde el Padre Brown subraya de nuevo su secreto: «Un crimen puede parecer tan terrible porque no se concibe la posibilidad de cometerlo. Yo lo creo horrible, porque podría cometerlo». En medio hay ocho casos. Yo destacaría La penitencia de Marne, o la diferencia entre cómo perdonan los hombres y cómo perdona Dios, el mejor caso del Padre Brown a juicio de muchos.Además están: El espejo del magistrado, un asesinato resuelto gracias a un espejo roto; La luna roja de Meru, que trata sobre la desaparición de un rubí; El mayor crimen del mundo, un caso de ironía infernal o el gozo que da poder decir la verdad en el mismo infierno y decirla de tal manera que todo el mundo la interprete mal; en El hombre de dos barbas está la explicación de por qué «si hay un cierto tipo de hombre que se inclina a desoír a Dios, es el hombre de negocios»; en La actriz y su doble muere un empresario teatral; en La canción del Pez Volador se roban unos peces de oro; La desaparición de Vaudrey es un caso de orgullo venenoso.

El escándalo del Padre Brown
(The Scandal of Father Brown, 1935)
En su origen, esta recopilación contenía ocho casos, titulados con el que inicia la colección, quizá el mejor, y que trata de cómo la verdad viaja siempre «media hora detrás de la calumnia, y nadie puede estar cierto de cuándo y dónde la alcanzará».Los otros siete eran: El «rápido», que habla de la extraña muerte de un periodista tan gruñón y fanático como íntegro y amistoso; La ráfaga del libro, cuyo protagonismo lo tiene un libro misterioso que causa la desgracia de quien lo abre; El hombre verde, donde un almirante aparece muerto en un estanque; La persecución del señor Blue, sobre un millonario asesinado y un estrambótico detective que debía protegerlo; El crimen del comunista, tal vez el segundo mejor relato de la colección, en el cual el Padre Brown arremete contra el capitalismo y lo califica de ser tan o más execrable que el comunismo; La punta de un alfiler, donde un constructor, amenazado por los sindicatos, parece haberse suicidado; El problema insoluble, que trata sobre un tipo que parece haber tomado pastillas, haberse colgado de un árbol, y haber sido acuchillado, y en el que reaparece su amigo Flambeau.Además, en la edición de Valdemar de 2007, se añaden dos casos más que Chesterton no había entregado para su publicación: en La vampiresa del pueblo el asesinato de un actor en un pueblo es resuelto años después y el culpable resulta ser alguien inesperado; en La máscara de Midas hay otro tipo de culpable más habitual en los relatos de Chesterton, «uno de esos magos de la modernidad (...), un genio de las finanzas» cuyos «robos eran robos a miles de pobres».


Chesterton, un gran lector de novelas policiacas, formuló en más de una ocasión sus ideas acerca de cómo debían ser esa clase de relatos: breves, de tiempo y alcance limitados, con un número reducido de sospechosos y que jugasen limpio con el lector. Puso en práctica sus ideas con los casos protagonizados por el Padre Brown y provocó una revolución en las novelas policiacas, entonces dominadas por las imitaciones de Sherlock Holmes. En primer lugar, debido a su protagonista, tan singular en su apariencia y en sus actitudes que influirá mucho en otros detectives posteriores. En segundo lugar, por el énfasis en los motivos de los actos criminales o, si se quiere ver por el otro lado, por el particular enfoque del Padre Brown para encontrar las soluciones. A esos rasgos añadió una calidad literaria y una profundidad muy por encima de lo habitual.

El Padre Brown es un curita con «una cara redonda y roma, como budín de Norfolk,
unos ojos tan vacíos como el mar del Norte» (La cruz azul); con unos «habituales
andares renqueantes» (El fantasma de Gideon Wise); que a veces parece
comportarse infantilmente y que siempre lleva en las manos un paraguas. En El
duelo del doctor Hirsch se lo describe como un hombre que, «como solía llevar
una vida de lo más anodina, tenía una afición muy peculiar a los lujos
imprevistos y aislados; se trataba de un epicúreo abstemio». En El fin de los
Pendragon se dice que, «incluso cuando se sentía desconcertado, el P.B. tenía la
suficiente clarividencia para poder analizar su propio desconcierto». En El dios
de los gongos se cuenta que tenía «una enorme resistencia para insistir sin
perder la paciencia, ante la cual la mente de los burócratas no suele tener
capacidad de reacción».

Y, de un modo parecido a como Sherlock Holmes tenía como ayudante al doctor Watson, en algunos casos el P.B. tendrá en el antiguo delincuente y luego detective Flambeau a un oponente que, aunque no resaltará la sabiduría de su compañero al modo admirativo de Watson, sí emprenderá vías de solución con frecuencia equivocadas o facilitará que el P.B. explique su postura y sus deducciones.Los trabajos que afronta el Padre Brown no son unos casos-problema para que pueda desentrañar el lector: son relatos literariamente acabados donde se mezclan con brillantez el misterio, el humor y un sentido común que podría denominarse teológico. Si Chesterton opinaba que los casos policiacos de Sherlock Holmes eran los mejores que se habían escrito, los suyos están construidos a la contra de su cientificismo, pues las deducciones del Padre Brown se basan en la comprensión del interior del delincuente y no tanto en las pruebas materiales objetivas.


También tiene Chesterton la intención de combatir los modos de pensar que le parecen desenfocados: el orientalismo entonces a la moda, las creencias parapsicológicas (que defendía el mismo Conan Doyle), el pensamiento social con el de algunos antepasados o contemporáneos suyos (como William Morris o H. G. Wells entre otros), etc. En esas y otras direcciones, el ingenio y la profundidad que gasta el Padre Brown en sus explicaciones de fondo sobrepasan lo común: «La primera consecuencia de no creer en Dios es que uno pierde el sentido común y no es capaz de ver las cosas tal y como son. Cualquier cosa que te cuentan y dicen que es muy importante, cobra un valor infinito, como el paisaje de una pesadilla. Un perro se convierte en oráculo, y un gato en misterio, y un cerdo en mascota, y un escarabajo en animal sagrado, y se resucita todo el zoo del politeísmo de Egipto y de la India antigua» (El oráculo del perro).

Por esta razón, los relatos de Chesterton conviene leerlos poco a poco, reflexivamente: su amor por las paradojas es mucho más que un juego intelectual. En cuanto a la confección de sus relatos, Chesterton compone las escenas de un modo teatral y, al tiempo, da valor a cada una de las observaciones que hacen sus personajes y a cada uno de los adjetivos que pone. Si habla de la «ensangrentada oscuridad» que da una bombilla roja de un cuarto para revelar fotografías, el lector hará bien en esperar que algo sucederá (El sino de los Darnaway). Y también tendrán una finalidad las descripciones coloristas como la del «sendero flanqueado por flores azules que va todo recto hasta la oscura entrada del invernadero, y el abogado que bajaba por el mismo, con traje negro y chistera, y la roja cabeza del secretario asomando por encima del seto verde, que recortaba con unas tijeras de jardinero» (El oráculo del perro).

Por supuesto, los títulos son significativos: el candor es tanto el aspecto externo del P.B. como el remedio para convertir al delincuente; la sabiduría es saber distinguir la realidad de las apariencias; la incredulidad tiene que ver con que si uno cree en los verdaderos milagros no cree en cualquier milagro; el secreto del P.B. es tanto su técnica detectivesca como su talante; el escándalo se refiere a la sorpresa que causan sus actitudes y su modo de juzgar los delitos.

Las dos personalidades del Padre Brown.
En su autobiografía, Chesterton cuenta cómo concibió al personaje del Padre Brown. Invitado a una cena, conoció allí a un sacerdote bajito y con cara de duende: el padre John O’Connor, quien más influencia tendría en su conversión posterior al catolicismo. Al día siguiente, charlando con él, descubrió que tenía un profundo conocimiento de muchas cuestiones sociales sórdidas. Luego, en otra conversación en la que ese sacerdote no estaba, dos jóvenes estudiantes de Cambridge manifestaron su admiración por él pero hicieron notar que, con el tipo de vida que llevaba, no sabía nada de la verdadera maldad del mundo. Chesterton pensó entonces en la gran ironía encerrada en esa observación y concibió a su personaje novelesco. A lo largo de los relatos se describe su comportamiento en distintas circunstancias y se dibujan sus hábitos mentales, a veces indicando lo mismo de distintos modos.

Quizá la descripción más completa sea esta: «Dentro del Padre Brown había en realidad dos personalidades. Una era la de un hombre de acción, humilde como una prímula y puntual como un reloj, que cumplía con sus pequeñas obligaciones sin que se le ocurriera ni por lo más remoto alterar el orden de las mismas. Y la otra era la de un hombre de reflexión, mucho más sencillo pero mucho más fuerte, al que no era fácil detener y cuyo pensamiento (en el único sentido inteligente de esta expresión) era el propio de un librepensador. No podía evitar, aunque fuera de manera inconsciente, plantearse todas las preguntas que uno podía plantearse y contestarse a todas las que supiera contestar, y todo esto lo hacía con la misma naturalidad con que respiraba o con que circulaba la sangre en sus venas. Pero conscientemente nunca actuaba fuera de la esfera de su propio deber; y en este caso siempre ponía adecuadamente a prueba estas dos actividades. Se disponía a reemprender su caminata con paso cansado bajo la débil luz del amanecer, diciéndose para sus adentros que aquello no era asunto suyo, aunque dándole instintivamente vueltas y más vueltas en la cabeza a dos docenas de teorías capaces de explicar aquellos extraños ruidos» (La ensalada del Coronel Cray).

miércoles, marzo 11, 2009

Asfixia

"Estaba allí sentado y miraba las cartas que había escrito mi mujer en el transcurso del tiempo y leía las notas que había tomado en el transcurso del tiempo y lloraba a lágrima viva.
Nos acostumbramos, naturalmente, durante decenios a un ser humano y lo amamos durante decenios y lo amamos en definitiva más que a cualquier otro y nos encadenamos a él perdemos, y, cuando lo perdemos, es realmente como si lo hubiéramos perdido todo. Siempre había creído que era la música la que lo significaba todo para mí, a veces al fin y al cabo también que era la filosofía, la literatura elevada, la más enaltecida y exaltada, lo mismo que, en general, que era sencillamente el arte, pero todo eso, todo el arte, el que sea, no es nada en comparación con ese único ser querido. Cuando el ser querido por nosotros más que cualquier otro del mundo ha muerto, nos deja con horribles remordimientos, dijo Reger, con espantosos remordimientos, con los que tenemos que existir después de su muerte y en los que un día nos asfixiaremos".

Thomas Bernhard.

miércoles, marzo 04, 2009

No viviré fuera de mí

No viviré fuera de mí,
no veré con los ojos de los demás,
mi bien es bueno, mi mal malvado,
estaría libre, no puedo ser
mientras acepto las cosas
según la apreciación de los otros.
Me atrevo a intentar trazar mi propio camino
en el que todo lo que me complace será Bueno,
en el que lo que odio es Malo,
no hay más que hablar y a partir de aquí, por favor, Dios,
renuncio para siempre al yugo de las opiniones de los hombres.
Seré alegre como un pájaro y viviré con Dios.
Lo encuentro en el fondo de mi corazón,
oigo continuamente allí su voz.
Y libros, y sacerdotes, y mundos, aprecio menos
¿quién dice que el corazón es un guía ciego?
No es cierto, mi corazón nunca me aconsejó pecar,
me pregunto de dónde sacó su sabiduría
pues en laberinto más oscuro de los más dulces cebos
o entre horribles peligros ni una sola vez
ese amable ángel falló en su oráculo,
esa agujita siempre conoce el norte,
el pajarillo recuerda en su oráculo
y este sabio profeta nunca yerra.
Nunca he enseñado lo que él me enseña a mí,
sólo le sigo cuando actúo correctamente.
¿De dónde venía este Espíritu Omnisciente?
De Dios venía. Es la deidad.

Ralph Waldo Emerson.

A J. (mi deidad)

Gracias.

lunes, febrero 16, 2009

Muse

Gracias al blog de Sakura, me dí cuenta el otro día de un imperdonable error, y es que en estos casi dos años de blog, no he dedicado ni un mísero comentario a mi grupo de música (no clásica) predilecto. Es hora de poner fin a este descuido tan espantoso.

Muse, trío británico de pop-rock liderado por la deidad llamada Matthew Bellamy (compositor, voz, guitarra, teclado y piano) . Su música cuenta con influencia de compositores clásicos, especialmente, aquellos de la era romántica, tales como Sergéi Rachmaninov y Tchaikovski. La banda es famosa por sus enérgicas actuaciones en vivo y los excéntricos intereses del líder Bellamy en la conspiración global, vida extraterrestre, teología y el Apocalipsis. La voz de Bellamy aparece empleada en su máximo esplendor, guitarras con arpegios y gran utilización del piano. También es notable la influencia de minimalistas como Philip Glass. Bellamy usa altas líneas vocales como marca de la casa de Muse. Este falsetto es una característica principal del grupo. Su estilo vocal ha sido comparado al de grandes mitos como Thom Yorke de Radiohead, Freddie Mercury de Queen y Jeff Buckley, a quien Bellamy citó como mayor influencia. Sus composiciones a piano han sido inspiradas por pianistas como Serguéi Rachmáninov, y como resultado de una fusión del estilo Romántico con rock quedan muchas canciones de Muse, como Space Dementia y Butterflies and Hurricanes. Esta última contiene un pequeño intermedio que recuerda mucho a una composición de Rachmaninoff.

Me ha costado sudor y sangre elegir solo algunos vídeos porque amo febrilmente todos sus temas y me siento un poco infiel y traidora hacia los que no he puesto (esto me recuerda el problema de la madre judía -ver Paul Watzlawick y El arte de amargarse la vida-). Sakura tuvo el buen gusto de poner en su entrada el tema himno por excelencia de Muse, Newborn, de sus primeros discos. Yo he optado por estos tres, ¡que me perdonen los demás!)

1) Starlight. De su último albúm "Black holes and revelations".

2) Blackout: Del album "Absolution". Porque me parece de una belleza celestial.

3) Sing for absolution: También del "Absolution", y cuyo final tiene un crescendo sublime.









lunes, febrero 09, 2009

El curioso caso de Benjamin Button


DECÁLOGO DE PODEROSAS RAZONES POR LAS CUALES LA NATURALEZA SABIAMENTE NO NOS HACE LO QUE AL TAL BENJAMIN BUTTON

1) Si naciéramos siendo unos vejestorios desdentados asustaríamos hasta al Sr. Rompetechos. Con razón, el padre abandona inmediatamente al newborn (vocablo inglés puesto únicamente para que contemplen lo lista que soy), y claro, convendrán conmigo que sin padres, o somos Mowgli, o no duraríamos ni un telediario.

2) Tampoco nuestra madre, en el dudoso caso de que hubiera sobrevivido al infarto tras ver nuestro rostro inmundo y aceptara hacerse cargo de un estafermo como nosotros, en ese hipotético caso, digo, ¿cómo iba la pobre a amamantar a un ser con la apariencia de un octogenario?. Sería un claro caso de lo que llamamos "viejo verde" (pueden remitirse a mi entrada del 8 de enero)

3) Las historias amorosas no tendrían ningún sentido con esta rueda al revés. Cuando uno es viejo (pero joven de edad) se iría con jovencitas, y cuando es joven (pero viejo de edad) se iría con jovencitas. ¡Huy!, pues igual que ahora.

4) Uno haría la primera comunión con setenta años (físicamente). En lugar de recibir una bicicleta, recibiríamos una silla de ruedas.

5) Nuestras primeras palabras serían: "¡Dadme mi dentadura, zánganos!".

6) Acabaríamos siendo más jóvenes que nuestros propios hijos, y éstos, resentidos por tal injusticia estética, optarían por tirarnos a las vías del metro (de Bilbao o Lisboa preferiblemente).

7) Engañaríamos al Estado solicitando la jubilación cuando en realidad no habríamos comenzado a trabajar todavía. Nota: engañar al Estado está muy mal.

8) Con una apariencia de 20 años, sentiríamos fuertes deseos de jugar al mus y a la petanca, y eso es una imagen demasiado desgarradora.

9) Con una apariencia de 80 años, sentiríamos fuertes deseos de ver a Miliki y Rita Irasema, y eso es una imagen demasiado desgarradora.

10) Esto no es una razón pero protesto por el corto metraje de la película con el Brad Pitt joven y lozano en comparación con el Brad Pitt vetusto y senil.

jueves, febrero 05, 2009

Resumen de la tonteria humana

En un libro egipcio antiquísimo se reproduce un diálogo oído en plena calle que, según parecer de los comentaristas, resume casi toda la historia de la tonteria humana de aquellos tiempos. Se ha podido comprobar que el diálogo se ha repetido muchas otras veces en los siglos posteriores, siempre en mitad de la calle, aunque en países distintos. Por lo mismo se considera ahora, con razón, resumen de la tonteria de aquellos tiempos y de todos los que les han seguido. Es así el famoso diálogo:

- Hoy me he levantado a la siete
- Yo me levanto todos los días a las ocho
- Yo ayer me acosté a las tres
- Yo a las once y cuarto
- Yo necesito dormir ocho horas
- Yo tomo café cuatro veces al día
- Yo prefiero ir al cine en la sesión de la tarde
- Yo tengo un tío carnal que vive en Calcuta
- Yo solo fumo tabaco negro, a menos que no encuentre
- Yo me llamo Fárol con acento en la a

Y todos quedan tan satisfechos porque todos han hecho gala de la única condición que el hombre pone de manifiesto pertinazmente a cualquier hora del día o de la noche: su impecable tontería.

"Enciclopedia del humor y la risa". Noel Clarasó.

- A mí me gusta el té con limón
-Pues yo prefiero el chocolate, que es menos ordinario
- Los que derrochan amor son unos cursis
-Yo odio a la Piaf, que es como un Gremlin
-Me gustan las mujeres boyantes cuarentonas
- Yo no paseo a mi perro nunca, que me llamarían schopenhaueriano.

(Guiño de duende)

martes, enero 27, 2009

Exposición Star Wars

Ya sé que se van a morir de envidia, pero que le voy a hacer, una no va a ser desprendida y considerada al mismo tiempo. Cuando se da, se da y no hay más que pensar. "Dar es el verbo más corto de la primera conjugación, y no dar es el más barato". Noel Clarasó

Espero que les gusten y si no, pues entonces lo que espero es que no lo digan.

Aviso importante: No salgo fotografiada en ninguna, así que ahórrense el chiste de si soy Yoda o el Ewok.









martes, enero 20, 2009

De trenes y Madrid

Estimados amigos,

Evidenciando una asombrosa falta de humildad de la que yo misma me horrorizo y avergüenzo al suponerles una devoción tal a este blog como para verme en la coyuntura de tener que disculpar la ausencia de unos ridículos días, pese a ello, digo, les notifico formalmente que una servidora pasará un breve lapso de tiempo en Madrid (el hecho de que una se haya codeado hoy con el Sr. Aznar, esposa e hijo, no ha tenido nada que ver, lo aseguro).

Me pregunto si en mi sucinta andadura podré asistir al Teatro Real (mi inclinación se dirige hacia The Rake's Progress de Stravinsky) o a la galáctica exposición que alberga este año el Centro de Exposiciones Arte Canal Isabel II, Star Wars: The Exhibition. Les garantizo que ambos planes me harían muy feliz, y no duden, mis leales amigos, que si esos recintos me acogen en su seno, serán ustedes los primeros en enterarse.

El medio elegido para mi travesía es, por supuesto, el confortable ferrocarril. No se me ocurre un modo más placentero de viajar. No, ni el coche ni el avión ni el buque cisterna proporcionan la quietud, tranquilidad y sosiego que da el tren. Lo único que no tengo decidido es qué libro me llevaré, tengo serias dudas al respecto pues debo asegurarme que no me resulta de un tedio insoportable ya que el daño puede ser irreparable. Oscar Wilde, con esa mordacidad suya, decía que jamás viajaba sin su diario ya que siempre debería llevarse algo estupendo para leer.

Otra cosa que me atormenta es perder el tren (no utilizada esta expresión como esa meliflua metáfora que todos los bobos repiten). Aunque por otra parte, ahora recuerdo que la mayoría de los escritos de Chesterton nacieron en estaciones de tren, porque habitualmente los perdía. Él decía aquello tan brillante de que el único modo seguro de coger un tren es habiendo perdido el anterior. En una famosa anécdota telefoneó a su esposa diciéndole “Estoy en el Mercado Harborough. ¿Donde tenía que estar ahora?".

También confío en que no se sienten al lado una de esas parejas que está viviendo un momento lírico y que, según mi querido Jardiel, siempre las viven al introducirse en un tren. "¿Será que en los trenes se agazapan todos los microbios del lirismo que esparció por España aquella cornucopia con perilla que se llamó Gustavo Adolfo Béquer?"- decía.

Bien, amigos, sean todo lo fieles que les supongo, y esperen pacientes mi regreso en menos de lo que tardan en pronunciar "Füllhorn".

lunes, enero 19, 2009

Bicentenario Edgar Allan Poe


Hoy es un día muy señalado para los que somos amantes del género gótico, y muy en especial del maestro indiscutible del mismo. Se trata de uno de mis escritores predilectos, y es que no sólo puedo decir que adoro sus aterradores y escalofriantes relatos, sino que además, su vida, o más bien podríamos decir, la aciaga y desdichada vida que le tocó vivir, me inspira una suerte de melancólica compasión y empatía difíciles de expresar.

Celebramos el bicentenario del nacimiento del celebérrimo escritor norteamericano, Edgar Allan Poe (19 enero, 1809- 7 octubre,1849) y por ello, desde este humilde blog quiero hacer un pequeño y modesto reconocimiento a este gran autor entre los tantos que están habiendo estos días (ayer mismo, "El Mundo" le dedicaba unas páginas en su suplemento dominical)

Soy consciente de que, como ávidos lectores y de sutil gusto que son, conocerán y admirarán este conocido poema suyo. Pero no me gustaría dejar esta vida sin que este blog haya albergado unas de las palabras más hermosas, enigmáticas y atrayentes jamás escritas.

Les dejo ya con "El Cuervo". Sólo eso y nada más.

EL CUERVO
Cierta medianoche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral y asentía,
adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
«Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más.»

¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa desfalleciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado
calma en mis libros,ni consuelo a la pérdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.
Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal que,
para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
«No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más».

Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
«Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído...», y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.

La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en ese silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra «Leonor», que yo me atreví a susurrar..
sí, susurré la palabra «Leonor» y un eco volvióla a nombrar.
Sólo eso y nada mas.

Aunque mi alma ardía por dentro
regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
«Esta vez quien sea que flama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, qué misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!»

Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.

Esta negra y torva ave trocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
«Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser osado,
viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?»
Dijo el cuervo: «Nunca más».

Que un ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido ocasión
de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara «Nunca más».

Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sola sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: «Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará».
Dijo entonces: «Nunca más».

Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
«Sin duda -dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán;
que pergeñó, acorralado,
este lúgubre refrán:"Nunca, nunca más"».

Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo en descubrir
que quería la funesta ave ancestral.
Qué pretendía esa torva ave, funesta y ancestral
al repetir: «Nunca más».

Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra al ave
que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada sobre el cojín purpúreo
que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar
y ya no usará nunca más!

Luego el aire se hizo denso,
como si ardiera un incienso mecido por serafines de leve andar musical.
«¡Miserable! -me dije-; ¡Tu Dios estos ángeles dirige hacia ti
con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás! »
Dijo el Cuervo: «Nunca más».

¡Profeta -grité-, ser malvado; profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral?
¡Mas, te imploro, dime ya, dime, te imploro,
si existe algún bálsamo en Galaad!»
Dijo el Cuervo: «Nunca más».

¡Profeta -grité-, ser malvado; profeta eres, diablo alado!
Por el Dios que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano a Leonor,
ahora entre ángeles, un día podré abrazar;
si a la radiante doncella en el Edén podré abrazar. »
Dijo el Cuervo: «¡Nunca más!».

«¡Diablo alado, no hables más!», dije, dando un paso atrás;
« ¡Que la tromba te devuelva a la negrura abismal!¡
Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje quiero sobre mi portal!
¡Deja en paz mi soledad! ¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!»
Dijo el Cuervo: «Nunca más».

Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará... ¡nunca más!


THE RAVEN
Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
"'Tis some visitor," I muttered, "tapping at my chamber door,
Only this, and nothing more."

Ah, distinctly I remember it was in the bleak December,
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow; vainly I had sought to borrow,
From my books surcease of sorrow, sorrow for the lost Lenore,
For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore,
Nameless here for evermore.
And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me - filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating,"
'Tis some visitor entreating entrance at my chamber door,
Some late visitor entreating entrance at my chamber door;
This it is, and nothing more."

Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
"Sir," said I, "or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you", here I opened wide the door;
Darkness there, and nothing more.
Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortals ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the stillness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, "Lenore!"
This I whispered, and an echo murmured back the word, "Lenore!"
Merely this, and nothing more.

Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
"Surely," said I, "surely that is something at my window lattice:
Let me see, then, what there at is, and this mystery explore,
Let my heart be still a moment and this mystery explore;
'Tis the wind and nothing more."

Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter,
In there stepped a stately raven of the saintly days of yore;
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door,
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door,
Perched, and sat, and nothing more.

Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore.
"Though thy crest be shorn and shaven, thou,"
I said, "art sure no craven,
Ghastly grim and ancient raven wandering from the Nightly shore,
Tell me what thy lordly name is on the Night's Plutonian shore!"
Quoth the Raven, "Nevermore."

Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning, little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being,
Ever yet was blest with seeing bird above his chamber door,
Bird or beast upon the sculptured bust above his chamber door,
With such name as "Nevermore."

But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing further then he uttered; not a feather then he fluttered,
Till I scarcely more than muttered, "other friends have flown before,
On the morrow he will leave me, as my hopes have flown before."
Then the bird said, "Nevermore."

Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
"Doubtless," said I, "what it utters is its only stock and store,
Caught from some unhappy master whom unmerciful Disaster,
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore,
Till the dirges of his Hope that melancholy burden bore,
Of "Never - nevermore."

But the Raven still beguiling all my fancy into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird, and bust and door;
Then upon the velvet sinking, I betook myself to linking,
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore,
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt and ominous bird of yore,
Meant in croaking "Nevermore."

This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom's core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining,
On the cushion's velvet lining that the lamplight gloated o'er,
But whose velvet violet lining with the lamplight gloating o'er,
She shall press, ah, nevermore!

Then methought the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose footfalls tinkled on the tufted floor.
"Wretch," I cried, "thy God hath lent thee- by these angels he hath sent thee,
Respite - respite and nepenthe, from thy memories of Lenore!
Quaff, oh quaff this kind nepenthe and forget this lost Lenore!"
Quoth the Raven, "Nevermore."

"Prophet!" said I, "thing of evil!- prophet still, if bird or devil!
Whether Tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted,
On this home by horror haunted- tell me truly,
I implore,Is there - is there balm in Gilead? - tell me - tell me, I implore!"
Quoth the Raven, "Nevermore."
"Prophet!" said I, "thing of evil - prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us - by that God we both adore,
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels name Lenore,
Clasp a rare and radiant maiden whom the angels name Lenore."
Quoth the Raven, "Nevermore."

"Be that word our sign in parting, bird or fiend,"
I shrieked, upstarting"Get thee back into the tempest
and the Night's Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken! - quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!"
Quoth the Raven, "Nevermore."

And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon's that is dreaming,
And the lamplight o'er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor,
Shall be lifted - nevermore!"

miércoles, enero 14, 2009

Lady Godiva



Lady Godiva se cree que vivió en los años 1040 en Coventry, Inglaterra. Estaba casada con el duque Leofric y juntos construyeron el Monasterio de Coventry.

Gracias a la administración de Leofric, el pueblo fue creciendo hasta convertirse en un centro importante de la región. Pero poco a poco la ambición fue apoderándose de Leofric. Mientras tanto el espíritu humano con el que contaba Godiva, le permitió tener más contacto con la gente. Fue así como ellos fueron sintiendo más afecto y respeto por ella. Debido a la gran sensibilidad que Lady Godiva poseía hacia los que la rodeaban, pudo percibir que los habitantes del pueblo no tenían una calidad de vida lo suficientemente digna de acuerdo al trabajo y esfuerzos que realizaban. Según los principios de vida por los cuales Godiva se regía y el compromiso social que sentía hacia la tierra que le habia dado todo lo que tenía, decidió hacer algo por aquella gente que siempre le había demostrado su apoyo, lealtad y afecto. Asi que penso cuál seria la mejor forma de ayudarles.


La leyenda dice que Godiva le propuso a su esposo Leofric que si salía desnuda montando su caballo blanco por la plaza central de Coventry, él bajaría los impuestos al pueblo. Obviamente Leofric creyó que no lo haría y que era ridículo porque en esa época la mujer no tenía voz y siempre estaba al margen de cualquier situación. Sin embargo, Godiva tomó el riesgo y cumplió con su promesa. El pueblo cuando se entero de lo que pretendía hacer, decidió apoyarla por el respeto que le tenían, asi que todos se pusieron de acuerdo para cerrar ventanas y puertas y no verla pasear desnuda por el pueblo. Leofric tuvo que cumplir con su palabra de noble y tuvo que abolir los impuestos innecesarios y reducir otros. Leofric se dio cuenta que la mujer con la que habia vivido tantos años era capaz no sólo de amarlo a él, sino a todos los que él nunca había tomado en cuenta como personas. Se percató que así como Lady Godiva demostraba su amor respetandolo, también lo demostraba a su gente desafiándolo a él y a ella misma.





Todos los ciudadanos, menos un sastre, se encerraron en sus casas. Es a este sastre al que la tradición inglesa llama Peeping Tom (es decir, «El mirón Tom») pues no pudo resistir ver a su señora desnuda a través de un agujero en la persiana, por lo que se quedó ciego. Además, la expresión pasó a designar en el idioma inglés a quien en castellano se llama mirón y en francés voyeur.



Recreación de Lady Godiva y Peeping Tom

En cuanto a si es un hecho histórico o simplemente una leyenda, los historiadores no pueden afirmar ni una cosa ni otra, pero sí creen que tiene, parcialmente, una base real.

La ópera "Isabeau" de Pietro Mascagni está inspirada en esta leyenda.

sábado, enero 10, 2009

La crisis ninja

No me gusta mucho sacar este tema en el blog porque ya tenemos suficiente en los medios diariamente como para además dedicar nuestro ocio a la dichosa crisis y demás desgracias económicas, pero, aunque es probable que conozcan ya esta teoría que en su momento planteó este profesor del IESE, Leopoldo Abadía, no me resisto a ponerles las dos entrevistas que le hizo el Sr. Buenafuente en su programa.

También les pongo el enlace del archivo en pdf con la teoría completa por si quieren tener un fin de semana bien amargadito.

http://www.sonnenfeld.org/blog_lap/ddvlap_crisis_ninja.pdf

Pero bueno, aquí van algunos ejemplos que contienen humor para que no crean que pretendo torturarles.


81. 5.7.08. Relacionado con lo anterior, lo que más preocupa al PSOE, que, como sabéis, es el partido que está en el Gobierno, es, según lo tratado en su Congreso Federal:

a. El aborto
b. La eutanasia
c. El suprimir símbolos religiosos

Comentario 1. Quizá gastaban mucho en:

Alimentación de niños
Alimentación de ancianos
Crucifijos

y han decido ahorrar, por lo de la Austeridad presupuestaria.

Comentario 2. Os podéis imaginar lo que dice el vecino de San Quirico. ¿Ya os lo habéis imaginado? Pues dice cosas MUCHO PEORES.

PASA AL ANEXO 3, DISTRACCIONES.

82. PIROPOS. Como a todo mortal, a uno le gusta que le piropeen. Lo mejor que me han dicho últimamente ha sido: “Continúe, Sr. Abadía, que ésta es la mejor novela negra que he leído en mi vida”.





jueves, enero 08, 2009

The girl nursing her own father- La muchacha amamantando a su padre

El otro día, a raíz de una curiosa conversación, estuve pensando detenidamente en el acto del amamantamiento (no hagan impropias inferencias, por favor) . Pero el amamantamiento visto no como la habitual lactancia materna, sino como algo más extraño y enigmático, y mucho menos cotidiano, como el sustento a un ser adulto. Entonces me pareció recordar unos cuadros de Rubens donde este tema es tratado muy hermosamente y buscándolos por la red, encontré un maravilloso blog que les recomiendo encarecidamente (Tradición Clásica). Con el permiso de su autor, les traslado aquí esta entrada:

"La Tradición Clásica ha sido una fuente muy rica de inspiración para las artes plásticas (pintura, escultura), y no sólo en el ámbito de la mitología grecolatina. Comentaré en este post un motivo iconográfico bastante frecuente en la pintura europea, el de La muchacha amamantando a su padre.


Me ha recordado la cuestión haber leído recientemente en la autobiografía Casa del olivo, de Carlos Castilla del Pino lo siguiente:

“En 1950 compré al anticuario Juanito Aguilera (Juanito “el Barato”), de la
calle de la Encarnación, un cuadro que me gustó: representa el conocido tema del
condenado a morir de hambre a cuya hija se le permite visitarlo antes de que
perezca; ella, a escondidas, le ofrece su pecho para que se amamante y así
salvarlo de la inanición.” (pp. 114-115)

Este motivo pictográfico tiene su origen en el escritor latino Valerio Máximo, que escribió un libro de anécdotas históricas titulado Facta et dicta memorabilia (escrito hacia el 30 d.C.). Valerio Máximo cuenta (5.4.7) , como ejemplo de devoción filial, la anécdota de una joven cuya madre es recluida en una prisión, condenada a morir de inanición. Se permite el acceso de la hija a la cárcel, y ésta da de mamar a su madre regularmente. Cuando las autoridades se percatan del hecho, se conmueven ante el acto de devoción filial, y perdonan a la condenada. A continuación (5.4. ext. 1) Valerio Máximo alude a la misma historia, pero protagonizada esta vez por una muchacha llamada Pero y su padre Cimón (o Micón). El autor latino precisa que el tema de Pero y Cimón era ya motivo de representaciones pictóricas en su propio tiempo. He aquí el texto latino de Valerio Máximo, con su traducción castellana:

Idem praedicatum de pietate Perus existimetur, quae patrem suum Mycona
consimili fortuna adfectum parique custodiae traditum iam ultimae senectutis
uelut infantem pectori suo admotum aluit. haerent ac stupent hominum oculi, cum
huius facti pictam imaginem uident, casusque antiqui condicionem praesentis
spectaculi admiratione renouant, in illis mutis membrorum liniamentis uiua ac
spirantia corpora intueri credentes. (5.4. ext. 1).


"En la misma consideración se ha de tener la devoción filial de Pero, que a
su propio padre Micón, cuando éste sufrió una similar desgracia e igualmente
estaba confinado en prisión con una edad muy avanzada, lo amamantó, acercándolo
a su pecho como un bebé. Los ojos de los hombres quedan fijos y estupefactos
cuando contemplan un cuadro sobre este tema, y con la admiración de la
representación actual reviven la situación del antiguo suceso, creyéndose que en
aquellos mudos trazados de figuras están contemplando seres que viven y
respiran."



Y, en efecto, se conserva (en mal estado) un fresco antiguo de Pompeya que representa el tema. Pero el motivo tuvo gran desarrollo desde el Renacimiento, y especialmente en la pintura de los siglos XVI y XVII. Sólo en el siglo XVI se conocen unas treinta versiones distintas. Pudo influir en la difusión del tema el hecho de que la obra de Valerio Máximo se publicara en 1470-71. El tema pictográfico se conoció (y se sigue conociendo) con la etiqueta de Caritas Romana. El gran pintor flamenco Pedro Pablo Rubens (1577-1640), por ejemplo, pintó varias versiones del motivo. Un primer cuadro, titulado "Caridad romana", data de hacia el 1612 y se exhibe hoy en el Museo del Hermitage de San Petersburgo:


Y una segunda versión del mismo Rubens, titulada "Cimón y Pero", fue pintada hacia 1625 (y se conserva en el Rijksmuseum de Amsterdam):


domingo, enero 04, 2009

Cambios

Siempre que contemplo la proximidad de algún cambio en mi vida por pequeño e insignificante que parezca, me sobreviene una extraña sensación que jamás he sabido definir. En este caso, no digo que sea un cambio tan pequeño, pues convendrán conmigo que dejar la pequeña urbe en la que vivo para trasladarme a la quietud del campo es algo de suma relevancia en la vida de uno, aunque el cambio vaya a producirse todavía a medio/largo plazo. Como digo, me cuesta explicar que contradictorios sentimientos se apoderan de mí. Por una parte, el campo me gusta mucho más, pero mi actual residencia, aquella donde nací, donde crecí, donde siempre estuve, me parece tan adorable y entrañable que no quiero despegarme de ella (inconscientemente puede que me refiera a mi madre, hace poco leí que los cáncer tenemos un astronómico apego por la figura materna).

Pero lo que quiero decirles, como casi todo, ya lo dijo Chesterton. Ayer estaba leyendo sus artículos recopilados bajo el título de "Lectura y locura", y apareció oportunamente este texto que les muestro mientras de fondo suena en este domingo lluvioso (y sin rastrillo), "El preludio a la siesta de un fauno" de Debussy:

"Trasladarse al campo es en verdad un motivo de alegría, pero abandonar Londres es motivo de tristeza. He aquí al menos una inofensiva paradoja alfabética que admitirían todos los hombres y mujeres cuerdos. Hacerse hombre es cosa tan magnífica como dejar la infancia es digna de compasión. Casarse es causa de satisfacción, pero resulta deprimente abandonar la soltería.

Permítasenos, así pues a los que cambiamos de estado, algo de ese phatos que se concede a quienes están próximos a la muerte. Me hace feliz irme a vivir al campo, pero me entristece abandonar la ciudad".

"Lectura y Locura". G.K Chesterton

viernes, diciembre 26, 2008

El viejo rastro

Este fin de semana se anuncian lluvias e inestabilidad. No debería recibir estas noticias con desagrado o sorpresa siendo coherentes con las fechas que son. De hecho, normalmente siempre es motivo de alegría pues soy extremadamente hogareña y la sola idea de estar todo el fin de semana en pijama, leyendo, escuchando música, viendo películas antiguas, restaurando viejas estufas, tomando un buen café caliente, mientras llueve y sopla el frío viento fuera (que nevara aquí, en la tierra de las naranjas, si que sería novedoso) me llena el espíritu de paz y armonía. Ahora ustedes dirán que no hace falta que llueva para que yo, ser de extraños hábitos, lleve a cabo estas actividades, pero bueno, quería darle un punto de melancolía a lo Amelie (¡qué irritante!)

El motivo de que en esta ocasión me disguste que se produzca un temporal por leve que sea, es que, con toda probabilidad, se tendrá que suspender una actividad de los domingos por la mañana, descubierta -en su plenitud- hace poco. Sí, les hablo del viejo rastrillo. Cuánta satisfacción se puede encontrar en un sitio aparentemente tan inmundo. Y no me refiero sólo a los objetos materiales, absolutamente maravillosos muchas veces, que allí se pueden encontrar, sino al ambiente, objetivamente putrefacto y degradado, que se muestra sin embargo pulcro y decente ante mis ojos.

He llegado a ansiar entre semana el sacro ritual dominical tal como levantarme temprano, conducir plácidamente por las solitarias avenidas de una ciudad dormida hacia la plaza trasera de un estadio de futbol que en breve será derruido, llegar a la cafeteria de siempre, donde las simpáticas señoritas me obsequian con una cariñosa sonrisa y un café caliente amorosamente decorado (parecido a los de la imagen). "¿Te gusta así?"- me dicen. "Claro que sí, es muy bonito", pero pronto se desvanece todo su trabajo entre mis labios.


Y después me lanzo a la caza, como algunos llaman a esta divertida actividad. Mayoritariamente marcho con libros (pues son increíblemente económicos) pero algunas veces hay que añadir puzzles de caza de bisontes, mesas de forja y cristal, boomerangs australianos, juegos de café y relojes a la inglesa, etc.

Llama mi atención el hecho de que, como digo, aunque todo tiene un aspecto miserable e infame, parece que las reglas de la cortesía, educación y buena conducta se han instalado allí misteriosamente, y jamás han visto mis ojos hurtos, enfrentamientos, improperios o agravios. La ley del viejo rastro impera ceremoniosamente.

Si consigo acercarme este domingo, prometo presentarles aquí alguna modesta fotografía. Tan sólo deseo ardorosamente que no llueva.

[¡Al fin! La tecnología es a veces diabólica. Les pongo estas tontas imágenes de mi visita al rastrillo, y aprovecho para desearles un buen año. Yo me he propuesto comenzar a fumar, beber, no hacer deporte, leer a Saramago y escuchar a la Piaf. Un abrazo a todos. Permanezcan sanos y vean mañana el fabuloso concierto de Año Nuevo con Barenboim]
Se me olvidaba, todas estas fotos están tomadas en semáforos en rojo, ejem.






lunes, diciembre 22, 2008

La demostración imposible de Houdini

Anoche estuve viendo la película "El último gran mago", con Guy Pearce (Memento) y Catherine Zeta- Jones. En realidad, no me gustó demasiado, sin embargo, he estado leyendo un poco acerca de la vida del histórico ilusionista Harry Houdini, protagonista de la historia, y he encontrado esta curiosa anécdota que desconocía (también hay una historieta relacionada, acerca de las hadas y Conan Doyle realmente peculiar):


Durante algunos años, el mago Harry Houdini y el escritor británico Sir Arthur Conan Doyle, creador de las historias de Sherlock Holmes, fueron amigos. Uno era un archi-escéptico (Houdini), mientras que el otro era un ferviente creyente del Espiritualismo (Conan Doyle).

Posiblemente esperando demostrar a Doyle lo fácil que era verse engañado por mediums, Houdini ofreció a su amigo una extraordinaria demostración, en su propia casa, en presencia de Bernard M.L. Ernst, amigo de Houdini y abogado. Las memorias de Ernst revelan lo que sucedió aquella noche.

Mene, mene, tekel upharsin

Houdini fabricó lo que parecía una pizarra normal, de unos 45 centímetros de largo por 38 de alto. En dos esquinas de esta pizarra se habían practicado agujeros y a través se estos agujeros se habían pasado cables. Estos cables tenían varios pies (un pie equivale a unos 30cm) de longitud, y se habían unido ganchos a los otros extremos de los cables. Los únicos accesorios eran cuatro pequeñas bolas de corcho (de unos dos centímetros de diámetro), un tintero lleno de tinta blanca, y una cuchara de mesa.Houdini pasó la pizarra a Sir Arthur para que la examinara. Se le pidió que suspendiera la pizarra en mitad de la sala, a través de los cables y ganchos, dejándola libre para balancearse, a varios pies de distancia de cualquier cosa. Para eliminar la posibilidad de conexiones eléctricas de cualquier tipo, se pidió a Sir Arthur que colgase los ganchos del lugar de la sala que quisiera. Colgó uno sobre el borde del marco de un cuadro, y el otro en un gran libro, en una estantería de la biblioteca de Houdini. La pizarra de esta forma podía balancearse libremente, en el centro de la sala, quedando soportada por los dos cables que pasaban a través de los agujeros en sus esquinas superiores. La pizarra fue inspeccionada y limpiada.

Houdini entonces invitó a Sir Arthur a examinar las cuatro bolas de corcho del platillo. Se le pidió que seleccionara la que quisiera, y, para demostrar que no estaban preparadas, a que las cortara en dos con su cuchillo, de esta forma verificando que eran simples bolas sólidas de corcho. Todo se hizo sin problemas. Otra bola fue seleccionada entonces, y, mediante la cuchara, se colocó en la tinta blanca, donde fue removida hasta que su superficie quedó igualmente cubierta con el líquido. Se dejó entonces en la tinta para que absorbiera tanto líquido como fuese posible. A petición de Houdini, Sir Arthur se llevó las otras bolas con él para examinarlas.

“¿Tiene un trozo de papel en su bolsillo y algo con lo que pueda escribir?”, preguntó Houdini a Doyle. Tenía un lápiz.

“Sir Arthur”, continuó Houdini, “quiero que vaya fuera de la casa, pasee a dónde guste, tan lejos como quiera y el cualquier dirección; entonces escriba una pregunta o frase en ese trozo de papel; póngalo de nuevo en su bolsillo y vuelva a la casa”.

Doyle obedeció, anduvo tres manzanas y giró una esquina antes de escribir sobre el papel. Cuando regresó, Houdini le invitó a tomar la cuchara y remover la bola de corcho, que había estado empapándose en tinta blanca, y luego tocar la bola con el lado izquierda de la pizarra. La bola quedó “pegada” allí, aparentemente por su propia voluntad. Lentamente comenzó a rodar por la superficie de la pizarra, dejando un rastro blanco conforme lo hacía. Conforme la bola rodaba, se vio que escribía las palabras: “Mene, mene, tekel upharsin”, las mismas palabras que Doyle había escrito. Los invitados quedaron sin habla.

Houdini se volvió hacia Doyle y dijo: “Sir Arthur, he dedicado una gran cantidad de tiempo e imaginación en esta ilusión; he estado trabajando en ella, una y otra vez, todo el invierno. No le voy a decir cómo la he realizado, pero puedo asegurarle que es un truco. Lo he realizado por medios perfectamente normales. He ideado esto para demostrarle lo que puede hacerse en estas líneas. Ahora, le ruego, Sir Arthur, no llegue a la conclusión de que ciertas cosas que no ve son necesariamente “sobrenaturales”, o realizadas por “espíritus”, simplemente porque no pueda explicarlas. Esta es una maravillosa demostración como ha podido ser testigo, dado que ha comprobado los elementos, y puedo asegurarle que lo he realizado mediando trucos y nada más. Tenga, por tanto, cuidado en el futuro, al asignar fenómenos simplemente porque no puede explicarlos. Le he ofrecido esta prueba para advertirle de la necesidad de cautela, y sinceramente, espero que saque beneficio de la misma”.

“Sir Arthur”, recuerda Ernst, “llegó a la conclusión de que Houdini en verdad logró esta hazaña mediante ayuda psíquica, y no se le pudo persuadir de otra cosa”. La reacción de Doyle, y el rechazo a considerarlo un truco incluso cuando fue admitido por el mago, era tan típica, apunta Houdini, que “es poco sorprendente que su creencia en el Espiritualismo sea tan implícita.”


El secreto de Berol
El secreto del truco permaneció como un misterio hasta que el mago e historiador Milbourne Christopher lo reveló en su libro Houdini, A Pictorial Life. “Ni Doyle ni Ernst”, escribió Christopher, “pudieron desvelar el misterio. Habrían quedado menos sorprendidos si hubiesen visto al amigo de Houdini, Max Berol, realizarlo en Vaudeville”. Berol lo había estado realizando durante años, tanto en Europa como en América, un acto en el que una bola manchada de tinta escribiría en una pizarra aislada las palabras gritadas por miembros de la audiencia:

“Berol hizo esto cambiando la bola de corcho sólido por una con un núcleo de hierro. Un imán en el extremo de una vara, manipulado por un ayudante oculto tras la pizarra, provocaba que la bola se adhiriera y se moviese aparentemente por su propia voluntad. Después de que Berol se retirase, Houdini compró el equipo. Un ayudante en la sala adyacente a la biblioteca de Houdini había abierto un pequeño panel en el muro y extendió una vara con un imán a través del mismo. La bola de la pizarra tenía un centro de hierro, por supuesto.


Ernst no había recordado que cuando Doyle volvió a la sala, después de haber escrito las palabras fuera, Houdini había hecho una comprobación para asegurarse de que el trozo de papel estaba en el que había escrito Doyle estaba doblado, entonces se lo devolvió inmediatamente a su amigo. Antes de hacer esto, el mago había intercambiado los papeles. Mientras Doyle estaba ocupado recuperando la bola del tintero y llevándola a la pizarra, Houdini leyó las palabras. Su conversación dio la indicación al ayudante oculto. Una vez que el mensaje estuvo escrito en la pizarra, Houdini pidió el papel a Doyle para verificar las palabras. Abrió el papel en blanco, simulando que leía las palabras del mismo, y luego volvió a cambiarlo por el original mientras retornaba el papel original a su amigo. Más tarde, Houdini explicó este proceso de intercambio durante unas charlas públicas sobre mediums fraudulentos”.

sábado, diciembre 20, 2008

Navidades con Calvin & Hobbes




Pinchando en cada una de las imágenes, podrán verlas en mejor tamaño.










Y estas otras, que aunque no son de motivos navideños, me resultan muy divertidas,







sábado, noviembre 29, 2008

Screwball comedy


La fiera de mi niña (Howard Hawks, 1938)


Estos últimos días he estado viendo unas cuantas películas de lo que podríamos denominar comedia chiflada, enloquecida o disparatada. Si les digo "Screwball comedies" les vendrán a la mente infinidad de directores tales como Ernst Lubitsch, Gregory La Cava, George Cukor, Billy Wilder, Preston Sturges, Howard Hawks, Blake Edwards, Mitchell Leisen, Alfred Hitchcock, e incluso, nuestro querido contemporáneo, Woody Allen.

"Navidades en julio", "El gran Mcginty", "La fiera de mi niña", "Historias de Filadelfia","El apartamento", "Al servicio de las damas", "Pero.. ¿quién mató a Harry?", "Arsénico por compasión", "Con faldas y a lo loco", "Las tres noches de Eva", "Medianoche", "El mayor y la menor", "Los viajes de Sullivan", "La novia era él"," Ser o no ser","Sopa de ganso", "La comedia de la vida""Una chica afortunada","La cena de los acusados", etc son algunos de los títulos pertenecientes a este género.



Historias de Filadelfia (George Cukor, 1940)


Todas contienen la esencia del screwball, los diálogos ágiles, imposibles, las situaciones inverosímiles, los actores perfectos. Todas son de una apabullante falta de pretensiones. Todas contienen chicas guapas que buscan dinero y en su camino se cruza la felicidad. Todas contienen hombres débiles que se dejan corromper, romper y ser vencidos. Representan la humildad del payaso. Contienen dosis de creatividad increíblemente elevadas. Todo funciona a la perfección de un mecanismo de relojeria, pese a lo asumidamente absurdo de practicamente todas las situaciones que se plantean. Cada plano supera la exentricidad del anterior, y la razón se pierde en una narración tan desbocada y delirante como perfectamente construida. Es tal la perfección con la que se van encandenando los disparates que el espectador, embriagado por el desternillante encantamiento de los acontecimientos, entre en el juego del absurdo sin detenerse a pensar en lo improbable de unas situaciones que desafian las leyes más elementales de la lógica.



El mayor y la menor (Billy Wilder, 1942)


He encontrado un artículo que resume perfectamente la esencia de las Screwball comedies. Espero que les guste.


"Este subgénero de la comedia americana surgió a mediados de los años treinta y fue muy popular sobre todo durante las décadas de los 30 y los 40. La gran depresión tuvo bastante culpa de su nacimiento, debido a que se utilizó como vía de escape a los problemas que acosaban a la gente en aquella época.

El término screwball comedy significa comedia loca o zigzagueante (toma su nombre de un tipo de lanzamiento de baseball en el que la bola coge diversos efectos), pero la palabra screw por si sola significa tornillo. Creo que este género tiene mucho que ver con estos términos, se podría definir como comedia a la que le falta un tornillo, y en la que los personajes zigzaguean a su libre albedrío, muchas veces resolviendo situaciones o realizando acciones de la forma mas inverosímil.

El decálogo de la excentricidad:

1-Clase alta: Normalmente los personajes pertenecen a las clases altas. Uno de los protagonistas principales suele pertenecer a este estatus social, además de muchos de los secundarios.También puede darse el caso de que los protagonistas sean pícaros de clase baja que se hacen pasar por nobles, conviviendo de esta manera con personajes de esta clase. La mayoría de los protagonistas de clase alta son insumisos a las obligaciones que les impone su clase, y se comportan de manera totalmente contraria a lo que se les exige. Este es el punto de partida de los directores para radiografiar a esta clase social.
Ej1. En “Medianoche” Claudette Colbert(Una timadora de clase baja) se hace pasar por marquesa de Hungría, lo que no sabe es que su marido el marqués aparecerá en escena (Don Ameche,un taxista enamorado de ella)
Ej2. Katherine Hepburn en “Vivir para gozar” es una jovencita de la alta sociedad que trae de cabeza a su respetable familia porque no se comporta como debiera.

2-Locura: Los protagonistas de estas películas se dejan arrastrar por sus impulsos momentaneos. Nunca respetan ni la moralidad ni los corsés que la clase social en la que viven les impone.
Los mas excéntricos y sorprendentes personajes desfilan por la pantalla. Aunque a primera vista parezcan inofensivos, no te fies, sus acciones pueden desorientarte;
Mujeres con leones como mascota, inspectores de policía que no sabrían ni volver a su hogar solos, familias enteras que se dedican a convertir su casa en una oficina de trabajos estrambóticos, maridos que raptan a sus propias mujeres, científicos que con una mezcla hecha por un mono rejuvenecen 20 años y vuelven a ser niños, finas mujeres que descubren que su verdadera vocación es la fontanería, hombres travestidos, mujeres adineradas que se escapan con gamberros de la clase baja,etc.

3-La locura es contagiosa: Los personajes que parecen “cuerdos”(quiero decir con esto, que hacen lo que se prevee de ellos) al principio de la película, puede que no acaben de esa misma manera, al ser contagiados por los personajes extravagantes. La locura es un virus que se contagia.
Ej. En “Vive como quieras” los serios ejecutivos eternamente tristes acaban la película cantando y pasandolo en grande influenciados por el abuelo de la familia protagonista, que habia pertenecido a ese mundillo y lo habia dejado todo hacia años.

4-Mujer: Es un aspecto muy interesante de estas películas. En general las mujeres son las que llevan la voz cantante , las que sostienen la trama con sus acciones. El protagonista masculino se ve arrastrado hacia situaciones inverosímiles por las féminas. Las mujeres suelen ser de carácter fuerte, valientes, insumisas hacia los corses sociales que las atan, libres, activas.
A través de estas películas se pueden detectar los cambios que se estan empezando a producir en la sociedad norteamericana en relación a las mujeres, se vislumbra el inicio de la lucha de estas hacia la igualdad.
Sin duda la gran abanderada de estos caracteres es Katharine Hepburn.
Ej: En “La fiera de mi niña” Cary Grant se ve arrastrado durante toda la pelicula por los tejemanejes de Katharine, muy a pesar suyo.

5-Hombre: Compañeros de las mujeres, nunca se presentan como héroes, sino como amigos de ellas en pie de igualdad. Dos tipos de hombres fundamentales:
-Débiles,inocentes,torpes y responsables ,arrastrados por el carácter de la mujer hacia la insensatez.
-Pillos holgazanes de clases bajas medias, que se comportan como sus compañeras de aventuras, intentando parasitar a las clases altas, o entrando en el juego de estas mujeres “poco cuerdas” desde el primer momento. Algunas veces son ellos los que llegan a la vida de la mujer y las arrastran hacia sus embrollos, pero en estos casos las protagonistas suelen tener predisposición para ello, y solo necesitan un empujoncito.
Ej.En “Las tres noches de Eva” el protagonista es un hombre inseguro, torpe e inocente, y una familia de timadores de cartas (a la que pertenece la fémina protagonista) le estafará fácilmente.

6-Ritmo: El ritmo es trepidante, las situaciones humorísticas se enlazan unas detras de otras en una sucesión continua. Los enredos a los que se ve sometida la pareja protagonista ocupan toda la trama de la película.
Ej: En “La fiera de mi niña” se pasa de una situación en que los protagonistas están en el campo directamente a estar encerrados en la cárcel, casi sin tiempo para respirar.

7-Diálogos: Son inteligentes y muy ingeniosos, suelen tener dobles sentidos y mucha carga irónica, además de ser divertidos. Los personajes se desprenden de ellos a altas velocidades pero en estas películas los recursos de guión parecen infinitos.

8-Romance: Normalmente el final de la pelicula es la historia de amor entre los protagonistas,que en un principio tenían impedido su amor por su distinta condición (distintas clases sociales) ,o bien son una pareja separada que durante el transcurso del film se reconcilia, o son una pareja de casados que entra en conflicto. La batalla de sexos es uno de los elementos mas usuales . Además el dinero siempre queda al margen y al final los protagonistas se casan por amor.
Ej.en “La costilla de adam”Hepburn y Tracy se pasan toda la película en un enfrentamiento continuo y acaban reconciliandose.

9-Mensaje: Tras una historia sencilla, se suele esconder una crítica a las clases mas acomodadas y a sus costumbres (estupidas) . Además también se hace hincapié en mostrar la ridiculez de personas (de altos puestos) obsesionadas con el trabajo e incapaces de aprovechar su tiempo en disfrutar de la vida . Se suele dar un mensaje a favor de abandonar los complejos y los barrotes sociales, disfrutar de las pequeñas cosas y vivir los momentos intensamente.

10-Optimismo: Todo es optimista en estas películas, desde los personajes, hasta los finales de los films. Por tanto, son ideales para curar depresiones y tristezas momentaneas."

Fuente: Blog de Rivendel

sábado, noviembre 22, 2008

La muerte y la doncella

Espero que no me riñan demasiado, desde luego no diré que no merezca toda clase de oprobiosos reproches. Tan solo puedo decirles que no me olvido de ninguno de ustedes, y como prueba de mi afecto y consideración, me gustaría compartir aquí una maravillosa pieza musical que últimamente me persigue y me subyuga.

Se trata del segundo movimiento (Andante con moto) del cuarteto "La muerte y la doncella" de Schubert. El tema central es el de una joven moribunda cuyas reacciones ante la inminencia de su fin, ante la presencia de la muerte, componen este segundo movimiento y da nombre a toda la pieza. Resultaría ser algo como el reposo resignado con la intuición de que algo infausto se acerca.

Una vez leí que el buen conocedor de música clásica debe apreciar los cuartetos como lo más sublime de la creación en materia musical, muy por encima de las sinfonías, las óperas, los ballets, la música de cámara, las arias, los conciertos, y todos los demás géneros musicales.

Les dejo ya con la pieza.

¿No es algo dolorosamente hermoso?


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viernes, octubre 10, 2008

Canal Viajar presenta: Barcelona (anexo: fin se semana en Oviedo)



Riiing, riiing
- Diga
- Hola, és el despatx del senyor Allen?
- ¿Perdón?
- ¿Qué no habla catalán?
- No.
- ¡Ah vaya! Quisiera hablar con el Señor Allen. Soy el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu.
- Aquí Allen.
- ¿No tiene secretaria?
- Ahora mismo está poniéndome una demanda por acoso sexual.
- Quiero que ruede una película en la bella Barcelona.
- ¡Ummm! ¿Qué me ofrece?
- Tres millones de euros de los contribuyentes.
- Creo que no. Me apetece regresar a Manhattan.
- OK, señor Allen. Le ofrezco un trío con Scarlett y Penélope.
- Mañana empezamos el rodaje.
- Pero que salga Barcelona bonita, eh noi?
- Claro, claro… un trío.

No puedo resistirme a poner aquí esta pequeña broma que acabo de leer sobre la última y decepcionante película de mi amado Woody Allen. Lo siento, Sr. Allen, yo le apreciaba, pero su último trabajo bien merece esta mofa.