miércoles, abril 23, 2008

Feliz día del Libro

Rufio.- ¿Que ha ocurrido, hombre?

Teodoto.- (bajando a la carrera el vestíbulo) El fuego se ha extendido de vuestros barcos. Perece la primera de las siete maravillas del mundo. La biblioteca de Alejandría está en llamas.

Rufio.- ¡Bah! (Completamente aliviado, sube al templete y contempla los preparativos de las tropas que están en la playa.)

César.- ¿Eso es todo?

Teodoto.- (Incapaz de dar crédito a sus sentidos) ¿Todo? César, ¿quieres pasar a la posteridad como un soldado bárbaro, demasiado ignorante como para conocer el valor de los libros?

César.- Teodoto, yo mismo soy autor y te digo que es mejor que los egipcios vivan sus vidas en lugar de soñarlas con la ayuda de los libros.

Teodoto.-(Arrodillándose, con genuina emoción literaria, con pasión del pedante.) César, una vez en cada diez generaciones de hombres el mundo conquista un libro inmortal.

César.- (Inflexible) Si dicho libro no halagara a la humanidad, el verdugo lo quemaría.

Teodoto.- Sin historia, la muerte te pondrá junto al mas humilde de tus soldados.

César.- La muerte lo hará, de cualquier modo. No pido una mejor tumba.

Teodoto.- Lo que arde allí es la memoria de la humanidad.

César.- Es una memoria infame. Que arda [...]


"César y Cleopatra". George Bernard Shaw.

Qué brutote era este César. Les ruego que ustedes no sigan sus flamígeros consejos y no quemen sus preciados libros (si fuera malvada diría "si es que tienen"). En su lugar, envíenmelos a mí (pueden ahorrarse la rosa). Gracias.

martes, abril 15, 2008

El feliz término medio

Por todos es conocido que me divierte escribir (y sí, mucho más conocido, que lo que de verdad me divierte es escribir tonterias). Pues bien, dicho esto, anteayer se me planteó una terrible disyuntiva. Por una parte, en mi lugar de trabajo se presentaba el último libro de Ferrán Torrent y por otra, en mi amado Palau de la Música había una conferencia de Rafael Chirbes sobre la novela como oficio, o algo parecido. Bueno, lo de terrible disyuntiva evidentemente es un decir, pues, uno: no pensaba quedarme ni un minuto más en el trabajo, y dos: Ferran Torrent... mmmm, ¡vade retro!. Acudí, por tanto, al Palau. Eso sí, antes logré convencer a una compañera, dados mis innegables talentos persuasivos -ríanse de los inocuos cantos de sirena que describió Homero- (esto es, asegurándole que había un pica-pica después de la charla -falso, está claro-, y ofreciéndome, en un ejemplo de altruismo sin parangón, a llevarle a casa en mi fastuoso y opulento medio de transporte, el Porsche, como recordarán) para que viniera conmigo, pues siempre es menos embarazosa una huida en bandada si las cosas se ponen feas (léase, aburridas) que en solitario. La muchacha dejó escapar un penetrante alarido de esos que alertan de un bombardeo enemigo, y mientras abría la boca como el escualo protagonista de "Tiburón", supe que todo ello era más que suficiente aprobación. Procedí, por tanto, al remolque hacía el musical edificio.

Insinuar que lo que dijo este pobre hombre durante una hora y media resultó ínfimamente sugestivo, es una hipérbole delirante. Antes de entrar en estado de narcolepsia, y para frenar una depresión galopante, me puse a pensar en si comprar la mejor guillotina portátil del mundo o empalarlo a él en una estaca. Sumida yo en tales pensamientos (algún estúpido diría que "desconecté"), súbitamente, la señora que moderaba -esto es un decir- procedió a dar por finalizada la sesión con un bramido tal como para retorcerme la trompa de Eustaquio. Miré a mi pobre amiga con una mezcla de compasión y miedo, la fórmula aristotélica para la tragedia, y me di cuenta de que sus ojos comenzaban a vidriarse. Esto me hizo pensar dos cosas, pero evidentemente teniendo en cuenta mi estado de embolia cerebral silente, me incliné por la más acorde con mi estado. Se había aburrido como un molusco que escucha a un molusco soso. Emocionalmente afectada por esta tragedia digna de Eurípides, me pregunté como podía resarcir el mal causado por mi irresponsable actuación y busqué solaz en el casi siempre eficaz consejo materno, de resultas de lo cual me hallo dedicándole esta entrada tan absurda.

Pero como, por otra parte, no me gustaría dejarles a ustedes sin la exquisitez de algún gran razonamiento universal tan propio de este blog, finalizo esta extraña entrada con un fragmento que me gustó muchísimo del genial libro: "Diario de un Don Nadie".
Au revoir, zopencos! (perdón, así termina el autor):

"¿Feliz término medio, dice usted?. ¿Sabe lo que significa "feliz término medio?. Pues "miserable mediocridad". Yo estoy a favor de ir en primera clase o en tercera; de casarse con una duquesa o con una criada. El feliz término medio equivale a la respetabilidad y la respetabilidad equivale a la insipidez.(...)
Con una asombrosa elocuencia que tornaba sus incómodas opiniones en argumentos perfectamente convincentes, ha continuado: El feliz término medio no es sino una vulgar media tinta. Un hombre al que le encanta el champán pero, al quedar satisfecho con una pinta, teme enfrentarse a una botella entera y recurre a una pinta imperial, nunca construirá un puente de Brooklyn o una Torre Eiffel. No, es un individuo de poco fuste, una medianía, respetable, un feliz termino medio, en realidad, y pasará el resto de su vida en una casa de algún barrio residencial con un pórtico de columnas de estuco parecido al armazón de una cama de postes. Algo así, es típico de un hombre apocado, con barba lacia, la cabeza poco amueblada y una corbata de quita y pon."

Nota: Y ahora me doy cuenta de que dedicar una entrada que versa sobre la mediocridad debe ser más catastrófico que la respuesta de Spencer Tracy a Katherine Hepburn ante la afirmación de ésta de que le creía más alto. "No se preocupe -contestó Tracy-, me encargaré de rebajarla a mi nivel".

sábado, abril 05, 2008

De conciertos y solomillos

No podría negar (ni tampoco ustedes, viscosillos amigos) que mi día de ayer no fuera de lo más completo. Obviando las horas laborales, les cuento a partir de cuando salí del centro de trabajo (bueno, si alguien está particularmente interesado en una profusa descripción del mismo -cosa que no entendería, pero una nunca sabe, como son ustedes tan raros y misteriosos- puede solicitarlo en privado vía mail, previa compensación económica que me llegue al menos para un tomo del Diccionario Bompiani).

Bien, como les decía, salí a las 17:00 con el alma agitada ante la siempre feliz perspectiva de que era ya fin de semana, cosa que aún sin tener colosales planes, siempre es motivo de alborozo.
La cosa se desarrollaría de la siguiente manera. Había comprado dos entradas para invitar a una buena amiga al teatro (del que más tarde hablaré), pero entre que éste empezaba a las 22:30 y yo a las 17:30 tenía que recoger mi nuevo y avanzado teléfono móvil en unos grandes almacenes y no me apetecía volver a casa, decidí hacer tiempo hasta que la recogiera comprándome ipso facto una entrada para el Palau de la Música. Ayer dirigía Josep Vicent (sí, el tipo de pelos raros e imagen ultramoderna que sale de jurado en Cuatro) y el programa era el siguiente:

- La Ascensión: Cuatro meditaciones sinfónicas. Olivier Messiaen
- Mandrake in the corner. Christian Lindberg
- Una noche en el monte pelado. Modest Musorgski
- El poema del éxtasis. Alexander Scribian

Me gustó bastante, además estaba sentada en coro, y ahí los impresionante sonidos de los timbales y demás percusión hacían que mi corazón resonará como el bombardeo de Dresde. Fue divertido cuando al final de "Mandrake in the corner", y de la primera parte por tanto, de repente un señor se levantó del público y con un grácil salto, subió al escenario a recibir las ovaciones como el resto de músicos. Yo, que soy poco ducha en estos temas, nada habría entendido de no ser por un gentil hombre que se sentaba junto a mí con su hijo pequeño, y que le dijo a éste con una voz profunda y cavernosa: "Mira, mira, es Christoph Lindberg". Yo creo que la seráfica criatura se quedó con la misma expresión de a quién le están diciendo: "Mira, mira, es Antonio Gala", pero bueno, yo se lo agradecí.

A estas alturas de la tarde, o más bien la noche, ya nos situamos en las 21:37 horas. Demonios, y aún tenía que ir hasta el coche, desafiar al tráfico y recoger a mi amiga (que, a todo esto, no sabía donde la llevaba y toda la semana había estado dándole pistas de lo más extravagantes acerca del plan. Lo que todavía no alcanzo a entender es como accedió con tanta ingenuidad, pues las pistas, como digo, eran harto extrañas y algo tenebrosas). Bien, 22:03 horas. Nos hallámos en mi Porsche deportivo -bueno, en este blog todo es posible, ¿no?-. Como el rayo que fulmina el solitario árbol, nos plantamos a las 22:15 en el hall del Teatro TAMA de Aldaya (Valencia). Todo se dispone de manera favorable. La obra comienza a las 22:30. Se trata de una producción de la compañía Sexpeare, "Solomillo, una historia poco hecha" con el genial, genial, genial, Fele Martinez (sí, el amigo raro en "Tesis" y tantas otras películas)


Y a partir de aquí, y durante dos horas, tuve la mandíbula completamente desencajada, y creo que aún no se ha recuperado del todo, la pobre. Reconozco que soy un tanto escéptica respecto a la mayoria de obras teatrales y que, en parte, quería darle la sorpresa a mi amiga, que le suelen gustar mucho, aunque Fele Martinez fuera un estimulante reclamo. Pero esta obra, pese a lo surrealista que era, me dejo encandilada gracias a la divertídisima interpretación que hace este hombre. De hecho él es el único personaje de la obra, pero como decía Jardiel Poncela en una de sus obras teatrales: "Personajes: Los estrictamente precisos y necesarios y alguno que ni es necesario ni es preciso". Bueno, al salir, y al ir a por el coche, me percaté de un tumulto en la parte trasera del teatro. Mis sospechas se confirmaron. Habían abierto las puertas de atrás, para saludar al actor. Allá que fuimos desbordantemente contentas como dos colegialas. Fue realmente amable, nos firmó sendos autógrafos y nos hicimos también sendas fotos (la colgaría aquí para dar fe de ello, pero no quiero que se desvele ya el misterio de que en realidad soy un tipo gordo y peludo)

He aquí transcripto el diálogo que mantuvimos, con todas nuestras fuerzas, por cierto:

Yo (extremadamente tímida): Hola

Fele: Hola

Yo: Enhorabuena

Fele: Muchas gracias

Mi amiga: Enhorabuena, ha sido realmente increíble, deslumbrante (como ven, ella no es tan tímida)

Fele: Gracias, bueno, lo cierto es que llevámos preparando esta obra muchos meses. Lo que decía medio de broma en la última parte, es completamente cierto.

Yo: ¿Me puedes firmar un autógrafo?.

Fele: Claro, ¿cómo te llamas?

Yo (para mantener el anónimato, diré que dije... mmmm, Agustina!): Agustina

Fele: Gracias, aquí tienes, ¿y tú? (a mi amiga)

Mi amiga (para mantener su anónimato, diré que dijo... mmmm, Agustina!): Agustina (es que en realidad nos llámamos igual)

Fele: Ah, os llamáis igual.

Mi amiga: Sí, y de apellido también.

Fele: Ah, sí que es curioso.

Mi amiga: ¿Me puedo hacer una foto contigo?.

Fele: Claro

Yo: Chpspspspsps (sonido de hacer una foto)

Fele (a mí): ¿Quieres una también?

Yo: Vale. Gracias.

Mi amiga: Chspspspsps (sonido de hacer una foto otra vez)

Yo (en mis pensamientos: Este hombre agarra la cintura con una fuerza hercúlea, apenas puedo respirar)

Él (en sus pensamientos: Esta muchacha es lozana y atractiva, voy a dejarlo todo para casarme con ella).

Bueno, así fue como muy por encima se sucedieron los acontecimientos. ¡Un saludo, Fele!

lunes, marzo 31, 2008

Orphicos

Aprovecho la ociosidad que me otorga este día festivo (en Valencia) para sentarme en el lugar más soleado de mi casa y leer estas hermosas páginas. Y como no puede ser de un modo distinto, las comparto con ustedes con mucho gusto:

Frente a la cortesía de la interdependencia "comunitaria",
la interacción social es bastante grosería.

La pregunta frecuente:
"Habrá habitantes en los otros planetas?"
es pregunta superficial.
Lo profundo es preguntarse si habrá
planetas poblados en los otros habitantes.

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No seremos completamente señores
hasta que no subordinemos lo que
hacemos a lo que somos.
Al subordinar lo que somos a lo que hacemos,
autómaticamebte nos confesamos esclavos.

Sólo superaremos la tragedia cuando
sumerjamos lo que tenemos en lo que somos;
lo que poseemos en lo que nos posee.
La libertad consumada radica en esa liberación

Es muchísimo más fácil luchar por la libertad
que vivir en ella.

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Si no nos esforzamos "continuamente"
por vivir como creemos,
acabamos acomodándonos "frívolamente"
a creer como vivimos.


"ORPHICOS". Santiago Pérez Gago. 1985.

martes, marzo 25, 2008

La señora Harding

Una mujer denuncia a un hombre por haberla difamado, y los cargos consisten en que la ha llamado "cerda". Se declara que el hombre es culpable y le obligan a pagar los daños y perjuicios.
Tras el juicio, el hombre le pregunta al juez:

-¿Significa esto que ya no podré llamar "cerda" a la señora Harding?.
El juez dice:
- Exactamente
-¿Y tampoco puedo llamar señora Harding a una cerda?
-Si quiere- le dice el juez-. Usted puede llamar señora Harding a una cerda. Eso no constituye delito alguno.

El hombre mira a la señora Harding a los ojos y le dice:

-Buenas tardes, señora Harding.


Como se dice en el libro del que he sacado esta pequeña broma -"Platón y un ornitorrinco entran en un bar"-, lo mejor es perseguir despiadamente el poder aparentando ser honrado. Sí, yo creo que lo principal es la buena educación. Cortesía y buenas formas ante todo. Uno puede estar insultando bestialmente al de al lado pero lo hace con tanto estilo que el pobre diablo incluso se maravillará ante nuestra innegable exquisitez. Amigos, sean educados e insulten.

Buenas tardes....

jueves, marzo 13, 2008

Le nozze di Figaro

Gracias a la diosa Fortuna o puede que al 5% de aforo que reservan en el Palau para compras en el último momento para aquellos seres que somos rezagados por naturaleza (las entradas de venta general hacía meses que estaban agotadas; y no me extraña), pude asistir a la hermosa representación de "Las bodas de Fígaro" de Mozart; una elegante producción de la Royal Opera House Covent Garden.



Me gustó mucho, como digo, la elegancia de esta producción, con una escenografía soberbia. Con tan solo ver el acompañamiento escénico de la portentosa obertura (con el palacio, digamos, despertando; los sirvientes limpiando y abriendo los enormes ventanales para dejar paso a una resplandeciente luz -esta escena es bellísima-, en definitiva, un día, aparentemente normal, comenzando) intuí que iba a asistir a una gran representación. Y así fué, aunque el final decayera un poco para mi gusto y para lo que podía haber sido. (Cabe destacar que así como en la obertura toman protagonismo los criados y sirvientes de palacio, el final está igualemente orientado en este sentido con un rápido pero eficaz cierre).



Como estaba en la cuarta y última planta (como ven soy muy humilde y me sitúo en los asientos más sencillos), y dada mi incipente ceguera, apenas distinguía a los cantantes, y en los momentos de más embrollo, cuando llegan a reunirse hasta siete personajes cantando a la vez, admito que me habría enterado más en un congreso de cirugía laparoscópica.

Eso sí, la joven pareja de al lado llevaba unos prismáticos que parecían un telescopio de la NASA con los que, estoy convencida de ello, podrían haber descubierto nuevas constelaciones. Estuve tentada de pedírselos en más de una ocasión, pero me pareció poco digno. También pensé en arrebatárselos, pues la chica los dejó descuidadamente en el suelo donde estuvo a punto de pisarlos con su tacón de aguja, pero dada la altura a la que nos encontrábamos, tuve miedo de que el novio me lanzara por el palco si se percataba.

En el intermedio, las señoronas enfundadas en sus mejores galas y con copa de cava en mano, comentaban divertidas y con aires señoriales (y me parece que un poco borrachillas): "Ay, que bonita es esta ópera, aunque aún no entiendo por qué se llama "Las noches de Fígaro".

Me resulta realmente difícil destacar un pasaje frente a otro, pues está cargada de momentos deliciosos (La obertura, "Non più andrai", "Porgi amor", "Voi che sapete", "Ecco la marcia", "L’ho perduta" y un largo etcétera) pero como tampoco es que haya encontrado muchos en Youtube, les dejo unos pocos ejemplos de esta misma producción de Covent Garden con mi idolatrado Erwin Schrott como Fígaro.

Disfruten, si pueden, de esta ópera en su totalidad.
Les encantará -y si no, sinceramente, es que son un poco mostrencones-.

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miércoles, marzo 12, 2008

Parábola china

“Un anciano llamado Chunglang, que quiere decir «Maese La Roca», tenía una pequeña propiedad en la montaña. Sucedió cierto día que se le escapó uno de sus caballos y los vecinos se acercaron a manifestarle su condolencia. Sin embargo el anciano replicó:

-¡Quién sabe si eso ha sido una desgracia!

Y hete aquí que varios días después el caballo regresó, y traía consigo toda una manada de caballos cimarrones. De nuevo se presentaron los vecinos y lo felicitaron por su buena suerte. Pero el viejo de la montaña les dijo:

-¡Quién sabe si eso ha sido un suceso afortunado!

Como tenían tantos caballos, el hijo del anciano se aficionó a montarlos, pero un día se cayó y se rompió una pierna. Otra vez los vecinos fueron a darle el pésame, y nuevamente les replicó el viejo:

-¡Quién sabe si eso ha sido una desgracia!

Al año siguiente se presentaron en la montaña los comisionados de «los Varas Largas». Reclutaban jóvenes fuertes para mensajeros del emperador y para llevar su litera. Al hijo del anciano, que todavía estaba impedido de la pierna, no se lo llevaron.


Chunglang sonreía."

HERMAN HESSE

Sí, quién sabe si....

No, lo que estoy pensando efectivamente es una desgracia.

domingo, marzo 02, 2008

Feria del Libro Antiguo y de Ocasión

Regreso, ¡por fin!, de la sobresaliente Feria del Libro Antiguo y de Ocasión que se sitúa como les adelantó nuestro Sr. Anónimo, en la ciudad que quiso derruir Pompeyo, o, para ser más claros, la ciudad que todos los marzo de cada año, un infame ruido nos invade.

Mis adquisiciones no han sido muy espectaculares teniendo en cuenta lo que ese magnífico lugar contiene, pero tengo la firme decisión de volver beligerante esta misma semana.

Lo que he podido encontrar entre la ingente cantidad de masa humana que hoy impedía el paso ,de manera a veces grosera, a las casetas ha sido:

-Una biografía de Jane Austen
-Una biografía de Eva Braun
-Obras selectas de Lewis Carroll (había un libro que no tenía de éste, "Silvia y Bruno", y que me apetece mucho leer)
-La Cartuja de Parma, de Stendhal

Les contaré a modo de consejo preventivo, que no vayan a ver la horrible "La Guerra de Charlie Wilson" al cine. Sólo hubo una frase que me gustó:

-"Perdone, como antiguo oficial de la Armada, debí haber sido más respetuoso"
-"Como antiguo oficial de la Armada, eso me habría sorprendido".

domingo, febrero 24, 2008

Orlando Furioso

Suele suceder que tras asistir a una obra operística, mi ánimo se eleve hasta su cenit y me mantenga jovial y feliz durante el resto de fin de semana. Y es que hoy, pese a lo sombrío y gélido del día, he mantenido cálido el recuerdo del Orlando de ayer en el Palau de les Arts, como les dije el viernes, un tanto cruelmente.

"Orlando" es una ópera en tres actos basada en el Orlando furioso de Ariosto, que narra las aventuras de un caballero envuelto en la locura debido a un amor frustrado. Al frente del reparto vocal se encontraba el contratenor Bejun Mehta, sobrino del maestro indio Zubin Mehta.

No soy nada docta en música clásica, pero sé discernir entre un "Me entusiasma" o "Me repugna". Sé que deberían haber graduaciones pero como tengo una irracional tendencia al maniqueismo, esta vez me inclinaré por el febril y más ardiente entusiasmo. No conocía esta ópera de Haendel y también era la primera vez que asistía a ver una ópera barroca, así que reconoceré un ingenuo entusiasmo previo.


Musicalmente es una delicia aunque en los descansos escuché unas cuantas críticas en referencia a lo endeble del libreto. En su momento, la ópera barroca parece que sufrió una denigración por su falta de dramatismo, pomposidad y vacuidad. Bueno, está bien que no sea de una profundidad wagneriana o una vivacidad mozartiana pero a mi me pareció una pieza llena de arias maravillosas, melodías encantadoras y, además, la manera de poner música a la locura hace que esta trama sea muy atractiva. Y es precisamente este momento, la escena de locura de Orlando al final del segundo acto, uno de los momentos más hermosos de la obra.

Este género no ha gozado del favor del público en general. La discografía, hasta hace unos años había ignorado estas obras salvo algunas excepciones. Parecía que Haendel solo había escrito El Mesías, algunos conciertos, la Música para los reales fuegos artificiales, la Música acuática y una ópera, Giulio Cesare, ignorando casi sistemáticamente las cincuenta y tantas óperas restantes que produjo a lo largo de su vida.

Ya que el tema central son los gigantescos celos que Orlando siente por su amada Angelica (no, no soy yo) los que le arrastrarán, como hemos dicho, a la locura y pérdida, por tanto, de toda razón, aprovecho, mis celosos amigos, para dejarles con estos fragmentos de un estudio del magno texto, que no deberían perderse, de Robert Burton, "Anatomía de la melancolía":


"Los celos, sus equivocaciones, su nombre, definición, alcance, tipos distintos: de príncipes, padres y amigos. Entre las bestias y entre los hombres, antes del matrimonio y entre rivales.

“Una variante de la melancolía amorosa, al igual que el amor heroico”
“Los hombres melancólicos son propensos a los celos"
“Los celos son una de las causas de la melancolía; un síntoma y una pasión llena de furia, casi tan extendida como el propio amor"
«No hay amor sin una buena dosis de celos; quien no siente celos, no ama»

Los celos se han descrito o definido como, cita a Juan Luis Vives:

"Cierta sospecha que el aman­te tiene respecto a la persona a quien ama encendidamente, y que consiste en el temor de que él o ella puedan estar enamorados de otro»
“Un deseo acuciante de disfrutar de un ser hermoso en solitario, de tenerla en pro­piedad sólo para sí”
“El temor o las dudas de que algún extraño pueda participar o compartir el amor que uno tiene”

Escalígero: «El temor de perder los favores de la persona a quien tanto se quiere». Cardano «Celos de amor, y un tipo de envidia ante la posibilidad de que se nos engañe»
Petronio: «Emulación furiosa de los amantes»
Geoffrey Chaucer. 1º Cuentos de Canterbury: "Cuando esta pasión hace acto de presencia, resulta sumamente violenta, un tormento indescriptible, una tortura infernal, una plaga diabólica". Ariosto ("Orlando Furioso") : "Es una furia, una fiebre perpetua, llena de desconfianza, de temor y tristeza, un martirio, un monstruo que se burla de nosotros. Es una inmensa difi­cultad, una carga sumamente insoportable, un corrosivo para cualquier con­tento, un disparate y una locura en sí misma"

Causas de los celos según R. Burton. Quiénes son más propensos. Ociosidad, melancolía, impotencia, larga ausencia, belleza, lujuria: nada en sí mismas.
La seducción, según el momento, el lugar, las personas, las malas costumbres. Causas.

Los hombres del sur son de temperamento caliente y, por ello, más lascivos y celosos
Italia y España: con tantos maridos celosos.

En Alemania, Francia, Gran Bretaña, Escandinavia, Polonia y Moscovia la gente no está tan afectada por tan terrible enfermedad.

En Holanda, las jóvenes doncellas van de la mano con los muchachos cuando salen de casa o acuden a patinar sobre hielo ‑tal es la inocente libertad de que gozan‑, y se alojan juntos cuando están fuera de sus casas sin levantar sospe­cha alguna.

En Francia, los hombres suelen cortejar a las esposas de otros, las visitan y las acompañan del bracete por la calle, sin que nadie lo vea mal.

En la mayoría de los países nórdicos, los jóvenes y las doncellas bailan juntos con familiaridad, al igual que los hombres con sus esposas.

Los españoles: vigilan a sus mujeres y no permiten que otros hombre se les acerquen, ni siquiera en las iglesias, excepto si un claustro les separa.

Según Montaigne: Esta contumaz pasión ¿afecta más a las mujeres que a los hombres?
Algunos dicen que las mujeres pelirrojas, pálidas, de ojos negros y voz aguda son sumamente propensas a los celos (cita nº 2240.)

Causas más específicas son las que siguen

-La impotencia,
Cita: Comelio Galo: epigrama a su querida Licóride:

“...Y busca ya a otros jóvenes y otros amantes,
y me llama a mí viejo impotente y decrépito”

En los ancianos, de naturaleza fría y seca, casados con mujeres «cuajadas de savia», jóvenes y lascivas.

“Ella era joven, él era viejo,
y por ello temía ser un cornudo”
(cita nº 2246)

El maltrato a la mujer
“Él era celoso, y ella le hizo cornudo por mantenerla encerrada.
Las sospechas infundadas y el maltrato son ya motivo suficiente para hacer que una mujer, que en otra situación habría sido honesta, quiera volar.

«Cuando la mujer cree que su marido vigila, se siente más inclinada a pecar»
«Pecan con más libertad y se despojan de todo pudor»

-Querer demasiado a la esposa. Algunos hombres son siervos de sus mujeres.
- Perder el juicio por ella, ser demasiado afeminado, enfermar en lugar de la esposa, (los tiberinos, guardar cama en su lugar cuando ellas paren..)
«hechizado por su mujer, no podía estar alejado de ella ni un segundo; cuando salía fuera, llevaba su pañuelo próximo al corazón, y no bebía más que la copa en que ella hubiese posado antes sus labios» (cita nº 2259, Séneca)

-Si habitan en lugares sospechosos, como tabernas infamantes, o en las proximidades de un burdel o, como añade Nevizzano, cerca de monjes y frailes.
Marcial, entre los antiguos, arremetió contra esas mujeres que fingían una enfermedad para poder acudir a menudo a los baños:
“Tras abandonar a su esposo, llegó hecha una Penélope y se fue vuelta una Elena”.

-Las cortes de los príncipes, pues hay allí «demasiados pretendientes jóvenes dispuestos a hacer todo tipo de promesas ... ».

Síntomas de los celos según Robert Burton : miedo, pena, desconfianza,
conductas extrañas, gestos, ultrajes, encierros juramentos, juicios, leyes, etc.

Además de miedo y pena, que son comu­nes a toda melancolía, ansiedad de espíritu, desconfianza, acusa­ciones, pensamientos agitados, palidez, delgadez extrema, negligencia en los negocios y otras cosas semejantes.

Es una pasión muy vehemente, una perturbación furiosa, un dolor amargo, un fuego, una curiosidad perniciosa, una hiel que corrompe la miel de nuestras vidas, una locura, un vértigo, una plaga, un infierno.

Los hombres celosos se hallan más inquie­tos de lo normal, pierden «la bendición de la paz», (Crisóstomo), y aunque sean ricos, «los más desgraciados de todos», «nadie hay más triste que ellos», son más desconfiados de lo habitual."

Los celos, dice Vives, «generan intranquilidad de espíritu día y noche. El afectado capta cada palabra que oye, cada susurro, y lo amplifica en su mente (al igual que hacen todos los melancólicos por otras razones), hasta calumniar a otros con la mayor injusticia; malinterpreta cada cosa que se dice o hace, y es proclive a confundirse y pensar lo peor»

Curación de los celos según Robert Burton: evitar las ocasiones, no estar ocioso; buenos consejos; condenarlos, no vigilarlos ni encerrarlos; disimularlos, etc.

A ninguna se la puede custodiar contra su voluntad, ni vigilar puedes su mente; aunque lo vigiles todo: cierra puertas y ventanas, que el adúltero estará dentro. «Es difícil vigilar lo que muchos desean». La mejor actitud, por tanto, es dejarles hacer su voluntad y concederles libertad absoluta, sin vigilancia nin­guna.
"Yo, Penélope, seré siempre la mujer de Ulises"

martes, febrero 19, 2008

Entendimiento

Boswell: "Señor, ¡yo es que a usted no le entiendo!
Dr. Johnson: "Señor, he encontrado un razonamiento idóneo para usted pero no me considero en la obligación de encontrarle también un sensato entendimiento".
"La vida de Samuel Johnson". James Boswell.

"La mayoría de la gente dice que está de acuerdo con Bernard Shaw o que no le entiende. Yo soy el único que le entiende y que no está de acuerdo con él." G. K. Chesterton

"Hasta que el marido no entiende absolutamente todas las palabras que su mujer no ha dicho, no estará realmente casado." Alfred Hitchcock.

Entiendo que no me entiendan.

sábado, febrero 09, 2008

Paradojas

“Los tres jinetes de la Apocalipsis”. G. K Chesterton
El narrador, refiriéndose a un hombre que iba a ser ejecutado, escribe: «Luego se envió un aplazamiento para salvarlo; pero como el hombre que llevaba el aplazamiento murió en el camino, el prisionero fue liberado después de todo».

Aunque las resoluciones chestertonianas suelen moverse en un campo lógico-causal (al fin y al cabo, no son más que desciframientos), en algunos relatos como en “La ráfaga del libro” el padre Brown utiliza una desigualdad matemática (convence a alguien de que cero más cero más cero es igual a cero) para resolver el caso. Su argumentación la apoya en una comentario a al siguiente pasaje del Macbeth de Shakespeare: «Los hombres creen en las en las cosas más extrañas si se dan así en serie; por eso Macbeth creyó las tres palabras de las tres brujas, aunque la primera era algo que supo por sí mismo y la última algo que sólo él podía contar de sí mismo».

Una de las ideas repetidas en El hombre que fue jueves es «nos ocultaremos mediante el procedimiento de no ocultarnos para nada». Este argumento es sometido en un relato de Borges a una variación curiosa, en la paradoja pensada por el ingenioso Bogle. Éste le propone a Tom Castro hacerse pasar por alguien con el que no guarda ningún parecido ya que «intuyó que la enorme ineptitud de la pretensión seria una convincente prueba de que no se trataba de un fraude».

Para finalizar:

«Pero el verdadero resultado de toda experiencia y el verdadero fundamento de toda religión es éste: que las cuatro o cinco cosas cuyo conocimiento es más prácticamente esencial para un hombre, pertenecen todas ellas a la categoría que la gente denomina paradojas. Es decir, que aunque todos nosotros las vemos al correr de la vida como meras verdades sencillas, no podemos sin embargo, decirlo fácilmente así con palabra sin resultar culpables de aparentes contradicciones verbales.» (...) «Una de esas paradojas que deberían enseñarse a todo niño que balbucea en las rodillas de su madre es la siguiente: Que mientras más mire el hombre una cosa, menos la ve, y que mientras más aprende un hombre una cosa, menos la sabe.»
Enormes Minucias, Calleja, Madrid, p.66. G. K Chesterton

martes, febrero 05, 2008

La mujer del tiempo

Regreso de un insufrible y monumental atasco (menos mal que llevaba a Phillip Glass conmigo -escuchen la belleza del segundo movimiento de su "Violin Concerto"-). Procedo inmediatamente a ingerir ciertos alimentos necesarios para mi supervivencia en este turbio planeta y acto seguido, me lanzo con una majestuosa voltereta al sofá, cosa que por poco provoca un dislocamiento del hombro derecho y una humillación eterna. Tras echar un rápido vistazo al apasionante mundo televisivo, me decido a continuar con mi lectura (ya lo expresó muy bien Groucho Marx en aquella famosa sentencia suya) de "Sinuhé, el egipcio". Mientras el muchacho nacido en Tebas me cuenta como aprende las lecciones de medicina en La Casa de la Vida, recuerdo súbitamente, entre sangre coagulada, craneos abiertos y recosidos, que hubo una vez en la que yo escribía cosas -y tontas- en un lugar en el que había otras personas que comentaban esas mismas tonterias y muchas veces las superaban con creces. Y no crean que no lo echo de menos, pero entre el trabajo, los atascos, Sinuhé, las obras completas de Bach de Brilliant (los Reyes no fueron muy generosos, pero yo sí que lo fuí, viva yo) y las colas para comprar capsulas de Nespresso, el tiempo es .... como dijo Laplace: "El tiempo es lo que pasa cuando no pasa nada más". Pues bien, les diré, como dice Woody Allen en su último libro: "Lo que sí sé de física es que, para un hombre situado en la orilla, el tiempo pasa más deprisa que para un hombre que se halla en un barco, sobre todo si el hombre del barco va acompañado de su esposa".

Yo no tengo esposa.

martes, enero 22, 2008

Barba Azul



“Yo, Gilles de Rais, confieso que todo de lo que se me acusa es verdad. Es cierto que he cometido las más repugnantes ofensas contra muchos seres inocentes –niños y niñas- y que en el curso de muchos años he raptado o hecho raptar a un gran número de ellos –aún más vergonzosamente he de confesar que no recuerdo el número exacto- y que los he matado con mi propia mano o hecho que otros mataran, y que he cometido con ellos muchos crímenes y pecados".

Esta es sólo una de las espeluznantes confesiones que el noble francés Gilles de Rais, fiel escolta de Juana de Arco durante la Guerra de los Cien Años, realizó al jurado que finalmente le condenó a la pena capital tras dejar tras de sí una cruenta estela de atroces crímenes, sobre todo a niños. No deja de asombrar que este noble, poseedor de la segunda mayor fortuna de la Francia del siglo XV y cuyo nombre era en un principio sinónimo de nobleza, gallardía y lealtad al rey, se convirtiera en una de las figuras más despiadadas de toda Francia.

A los 16 años fue cuando partió a la Guerra y conoció a la Doncella De Orleans, persona que le cautivó por completo y junto a la que luchó incansanble y valerosamente hasta la muerte de ésta.

Tras la desaparición de la pureza que encarnaba Juana de Arco, no le quedaba nada por lo que luchar en esta Tierra, ni compromisos que asumir al servicio de nadie. El día en el que murió ella también lo hizo el cuerpo carnal de Gilles de Rais, quien se transformó de orgulloso mariscal de Francia en el principal emisario de Satán en la Tierra. Aún le restaban nueve años de vida en los que enarboló la bandera negra del mal en toda suerte de crímenes y depravaciones horrendas.

La historia de Barba Azul, como se le conoció, dio lugar al inmortal cuento de Charles Perrault, quien cambió el asesinato de niños por la muerte de mujeres a las que escondía en una habitación secreta bajo llave. Seguramente sea uno de los cuentos de Perrault menos indicado para los niños.

Por último, leyendo algo sobre esta figura, acabo de encontrar este artículo que publicó El País y que termina de trastocar todo este artículo. Lean y opinen. Yo voy a ordenar mi habitación secreta.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/FRANCIA/tribunal/notables/franceses/declara/inocente/inspirador/Barba/Azul/elpepisoc/19921110elpepisoc_3/Tes/

lunes, enero 07, 2008

Reyes

Aunque aparentemente haya muerto, escribo para disipar sus macabras sospechas. Sigo aquí viva y coleando, de vuelta a la rutina (pero en sentido chestertoniano) y con unos Reyes que han sido benévolos y deferentes. Les indico lo que ayer me dejaron:

- Trilogia de Piratas del Caribe (sí, soy un poco friki, pero qué quieren que les diga, a mí esta saga me gusta mucho. Yo creo que si lo analizo debe ser por la magnífica música de Hans Zimmer, ¿no les parece genial? -si es que no, seres insensibles, no digan nada-)

- El último libro de Woody Allen: "Pura anarquía". Parece que son relatos cortos, y lo poco que me ha dado tiempo a leer me ha parecido divertido. Si se parece algo a su anterior obra, "Cuentos sin plumas", no me defraudará.

- El dvd de la ópera de Wagner, "El holandés errante" en Bayreuth. ¡Genial! Sólo he escuchado la obertura, pero ... ¡qué obertura! ¡Madre del amor hermoso! (Ahora que lo pienso, han habido dos holandeses errantes estos Reyes, el otro es de los Piratas del Caribe, claro)

- Una entrada para el colosal Palau de les Arts, para la ópera "La belle et la bête" del compositor minimalista Phillip Glass, muy conocido también por ser el autor de las bandas sonoras de las películas "Las horas", "El ilusionista", "El show de Truman" o la reciente "Cassandra's Dream". Me gustó y me gustó mucho la tétrica escena del bosque cuando el padre descubre la mansión de la Bestia.

-Y, como dije, un volúmen de Aguilar de las obras completas de Charles Dickens. Sí, ya sé que alguien volverá a decir que es de un pésimo gusto regalar una fracción de unas obras completas, pero siendo Dickens, cualquier pequeña fracción suya es infinitamente más que la obra completa de un estúpido (podría haber dicho Salvador Rueda)

Desde aquí declamo públicamente, queridos Reyes, ¿para cuándo la obra completa del dios Bach?.

Y ahora, compartan ustedes sus regalos (no en sentido literal) con nosotros (si es para dar envidia, pues entonces no, buitrejos)

viernes, diciembre 28, 2007

Reestructurando el blog

Como últimamente ando escasa de ideas y por lo visto ya sólo el gran Chesterton puede salvarme, he tomado la inexpugnable decisión de dejarles las riendas a ustedes, mis queridos aurigas, para hacer un blog únicamente con sus brillantes comentarios. Me falta pensar el formato que tendrá, pero al mismo tiempo pienso que es algo de lo que podrían hacerse cargo ustedes, entrañables marmotas.

Una colosal vagancia me invade y por ello he decidido dedicar lo que me queda de existencia (esto deben ser quince horas, cuatro días, seis semanas, tres meses o cuarenta y cinco años bisiestos) a una feliz vida de planicie intelectual. Mis próximos compañeros literarios serán la Guía televisiva de Bielorrusia los jueves por la noche, "Disminución de la contaminación bacteriana de la horchata de chufas por pretatamientos del tubérculo", "Corrosión interna de las bombillas rojas burdelarias" o "Si quieres adelgazar, vade retro a los pasteles".

Conociendo sus bellas almas, supongo que me desean lo mejor en ésta, mi nueva y borrica etapa.

Angelicalmente suya (justo desde este momento, ya no soy más de ustedes)

domingo, diciembre 23, 2007

Navidad

El espíritu de la Navidad
G. K. Chesterton

Me lanzo de manera temeraria a escribir sobre el “espíritu de la Navidad”, tema que presenta una dificultad preliminar sobre la que he de ser bien franco. Hoy día la gente es muy curiosa en la manera de hablar sobre el “espíritu” de algo. Existe por ejemplo, un tipo particular de fatuo hipócrita que está siempre sermoneándonos sobre si tenemos el “espíritu la verdadera cristiandad” aparte de todos los nombres y formalidades. En la medida en que lo consigo entender, quiere decir exactamente lo contrario de lo que dice. Lo que quiere decir es que hemos de seguir los nombres “cristiano” y “cristiandad”, y otros por el estilo, para referirnos a algo en lo que es precisamente el espíritu lo que no es cristiano; algo que es una especie de combinación de optimismo sin fundamento de un ateo de un ateo norteamericano con el pacifismo de un manso hindú. De la misma manera leemos mucho en el periodismo moderno y en la sociedad de consumo sobre el Espíritu de La Navidad; pero se trata en realidad del mismo tipo de transformación. Lejos de preservar la esencia sin lo extremo, se preserva lo extremo donde no puede darse lo esencia. Significa tomar dos sustancias meramente materiales, como las flores de aguinaldo y guirnaldas de Navidad, y esparcirlas sobre enormes hoteles cosmopolitas que no tienen nada de hogareños, o alrededor de las columnas dóricas de clubes fríos e impersonales llenos de viejos caballeros cínicos y desanimados; o en cualquier otro lugar en donde menos posibilidades tenga de encontrar el espíritu de Navidad. Pero hay también otra manera en la que la complejidad moderna de la sociedad de consumo devora el corazón de algo, dejando al mismo tiempo el corazón pintado. Me refiero al sistema elaborado en el exceso en la dependencia en comprar y vender, y por lo tanto en el bullebulle; y en consecuencia, el descuido de las cosas nuevas que se podría hacer según la vieja Navidad.

(...) La temporada de Navidad es doméstica; por esa razón la mayoría de las gente hoy día se prepara para ella luchando en los tranvías, esperando en las filas, apresurándose en los trenes, amontonándose desesperados en las cafeterías y preguntándose cuando por fin llegará a su casa o si llegará de alguna manera. No sé si algunos desaparecen para siempre en una tienda de juguetes o sencillamente se reclinan y mueren en una cafetería; pero por la impresión que dan es muy posible que así ocurra. Justo antes de la gran festividad de la familia y del hogar la población entera parece quedarse sin familia y del hogar. Es el triunfo supremo de la sociedad industrial el que en ciudades enormes que parecen tener demasiadas casas hay una desesperada escasez de viviendas. Grandes multitudes de nuestros pobres llevan ya tiempo acabando prácticamente en nómadas. Hasta confesamos el hecho, pues hablamos de alguno de ellos como de los “árabes de calle”. Pero esta institución domésticas en la frase irónica actual, ha ido más allá de tal normal anormalidad. La fiesta de la familia transforma en vagabundeo tanto a ricos como a pobres. Se encuentran tan desparramados por el desconcertante laberinto de nuestra tráfico y de nuestro comercio que a veces ni siquiera pueden alcanzar la cafetería; no sería modesto, por supuesto, mencionar la taberna. Encuentran difícil entrar en el tumulto en los hoteles, por no decir nada de cómo volver a sus casas. Y me gustaría expresar todo lo contrario de una irreverencia cuando digo que su único punto de parecido con la familia que es arquetipo de Navidad es que no hay sitio para ellos en la posada.

La Navidad está construida sobre una paradoja hermosa e intencional: que el nacimiento del que no tuvo casa para nacer sea celebrado en todas las casas. Pero este tipo de paradoja no es intencional y ciertamente no es nada hermoso. Está muy mal que no podamos desenredar del todo la tragedia de la pobreza. Está muy mal que el nacimiento del que no tuvo casa para nacer, celebrado en el hogar y en el altar, vaya a veces sincronizado con la muerte de gentes sin hogar en asilos y en barrios pobres. Pero no falta que nos regocijásemos en esta universal agitación que cae sobre ricos y pobres de igual manera; y me parece que en este asunto una reforma de la Navidad moderna.

Emitiré otro brillante destello de paradoja haciendo observar que la Navidad ocurre en invierno. Es decir, no es solamente una fiesta dedicada a la vida doméstica, sino que es una colocada deliberadamente bajo condiciones en la que resulta muy incómodo correr por ahí fuera y resulta muy cómodo quedarse en casa. Sin embargo, bajo las complicadas circunstancias de las modernas convenciones y conveniencias, surge una paradoja más práctica y mucho más agradable . La gente tiene que recorrer precipitada durante unas cuantas semanas aunque sólo sea para estar en casa una pocas horas. La antigua y saludable idea de estos festivales de invierno era la siguiente: que al estar encerrados y cercados por el frío, eran forzados a redescubrir sus propios recursos; o en otras palabras, que tenía una oportunidad de mostrar si había algo dentro de ellos . Y no es seguro que la reputación de nuestros buscadores de placeres, de esos que están más a la ultima moda, pasaría esa prueba. Si se les apartara del poder del dinero y de la maquinaria, se descubrirían una cuantas revelaciones espantosas de algunos de estos favoritos de la alta sociedad. Están acostumbrados a que se lo hagan todo; y aunque van a los más recientes bailes americanos, dan la impresión de que son sólo son los músicos negros los que bailan. Pero, de cualquier forma, pensando en termino medio de la humanidad sana, creo que cortar todas estar conexiones mecánicas tendría un éxito revivificante que le despertaría por completo de su estupor. Ahora mismo, se les acusa siempre de que se divierten; pero ni siquiera hacen algo tan noble o tan apropiado a su dignidad humana. La mayoría de ellos ya no pueden ni siquiera divertirse, pues se han acostumbrado a ser divertidos.

La Navidad podría ser algo creativo. Se nos dicen aun por los que más la alaban, que su valor principal reside en mantener antiguas costumbres o juegos de tiempos pasados. Y la verdad es que vale para esos dos admirables propósitos. Pero en el sentido que ahora hablo podría ser posible una vez más dar la vuelta completa a esa verdad. No es tanto cosas viejas como cosas nuevas que una Navidad auténtica podría crear. Por ejemplo, podría crear juegos nuevos, si de verdad se empujara a la gente a inventar sus propios juegos: La mayoría de los juegos más viejos empezaron con el uso de utensilios o muebles ordinarios. La terminología del tenis, por ejemplo fue hallada en la misma estructura del patio de una antigua posada. Y se dice también que los postes en el juego de cricket no eran originariamente nada más que las tres patas del taburete para ordeñar vacas. Podríamos ahora inventar nuevas cosas de este tipo si recordáramos quien es la madre de la invención. Qué agradable sería un juego en el que ganásemos puntos por acertar a dar al paragüero o en la bandeja con la comida, o incluso en la cabeza del anfitrión o de su esposa, por supuesto con algún proyectil hecho con algún material suave. Los niños que tienen la suerte de que se les deje solos en su cuarto inventan por su cuenta no sólo juegos enteros, si no también dramas y todo tipo de historias; inventan lenguajes secretos; crean familias imaginarias; y producen afanadas revista familiares. Este es el tipo de espíritu creativo que queremos en el mundo moderno; y lo deseamos pero no lo tenemos. Si la Navidad pudiera ser más y no menos doméstica, creo que habría un vasto incremento en el auténtico espíritu navideño que es el espíritu del niño. Pero mientras que nos damos a este sueño debemos una vez más invertir la convención actual en la forma de una paradoja. Es cierto que en un sentido Navidad es la época del año en que hay que dejar las puertas abiertas; pero yo cerraría las puertas en Navidad, o por lo menos justo antes de Navidad; y vería entonces el mundo de lo que somos capaces de hacer.

No puedo sino recordar con una sonrisa, que hemos mencionado en otra y controvertida página de este libro, a una señora que se estremecía al pensar las cosas perpetradas por mi correligionarios una vez cerradas sus puertas. Mi recuerdo se suaviza con la distancia y con este tema, y me siento ahora en el extremo opuesto de la controversia. Espero que esa señora, y todos los que piensan como ella, tengan también la sabiduría de cerrar sus puertas para descubrir que sólo cuando todas las puertas están cerradas encontrarán lo mejor adentro. Si son puritanos, cuya religión se basa solamente en la Biblia, que sea por una vez la Biblia familiar. Si son paganos que no pueden aceptar otra cosa que no sea el festival de invierno, que sea al menos una fiesta de familia. La discordancia o incomodidad de que se quejan los críticos modernos en la reunión familiar no se debe a que ese fuero mítico se haya dejado medio encendido, sino a que se deje enfriar del todo. Fragmentos fríos de una cosa que antes estaba viva se encuentran ahora amontonados chapuceramente; esto no es argumento en contra de la revitalización de esa cosa. Los juguetes de Navidad se bamboleaban de forma incongruente en presencia de paganos y poderosos que anhelan en ese momento estar jugando al golf. Pero eso no altera el hecho de que podrían estar mucho más alegres y hasta hacerse mucho más inteligentes si supieran jugar con esos juguetes; y son unos pelmas en lo que se refiere al golf. Su embotamiento no es más que último producto moral del progreso mecánico del deporte organizado y profesional en ese mundo rutinario fuera del hogar. Cuando eran niños, en el secreto de sus hogares, es muy probable que casi todos ellos soñaban aventuras y dramas nunca escritos que les pertenecían a ellos tanto como Hamlet pertenecía a Shakespeare o Pickwick a Dickens. ¿No sería más emocional si el tío Fernando, en lugar de escribir con detalle todo los golpes con que debería haber salido del hoyo de la arena en el golf, dijera con toda franqueza que estuvo en un viaje al fin del mundo y que acababa de cazar la Gran Serpiente del Océano?. La conversación del tío Javier sería mucho más intelectual, si en lugar de contarnos en que medida había disminuido su handicap en el golf, pudiera decir todavía con convicción que era el rey de las islas Kangaroo, o gran jefe de los indios Rango Dongo. Estas cosas, proyectadas desde dentro se encontraban en casi todos los espíritus humanos; y es normal que su inspiración sea tan del todo machacada por las cosas de afuera. Que ni por un momento se suponga me encuentro yo entre los tiranos de la tierra, decidido a imponer mis propios gustos o a forzar a todos los demás niños a que jueguen con mis propios juegos. No es que no aprecie el juego del golf; es un juego admirable. Lo he jugado, o mejor dicho, he intentado jugar con él, algo que se considera como lo opuesto a jugar al golf. No faltaba más: dejemos que jueguen al golf los que jueguen al golf, y dejemos que las organizaciones sigan organizando, si su idea de organización es algo así como un organillo. Dejémosles que jueguen al golf día tras día; dejémosles que jueguen al golf trescientos sesenta y cuatro días, con pelotas del golf embadurnadas con pintura luminosa para que las puedan seguir en la oscuridad. Pero que quede al menos alguna noche en que las cosas se hagan luminosas desde dentro: y un día en que los seres humanos busquen todo lo que está enterrado dentro de ellos mismos, y que descubran, pues es ahí en donde de verdad está escondido -detrás de portales y balcones cerrados, y detrás de puertas tres veces atrancadas y acerrojadas- el espíritu de la libertad.

jueves, diciembre 20, 2007

Donna Angelicata se empluma

Apreciados amigos, me place informarles que el próximo mes de enero podrán disfrutar de los absurdos, dislates y bobadas de una servidora en el jovial suplemento de la revista Chesterton, "La Gallina ilustrada", la cual tendrá el increíble y demente detalle de publicarme un artículo. (http://www.chesterton.es/ y http://www.chesterton.es/lagallina/)

Hay un premio de un filtro de porcelana para aquellos lectores que adivinen tras qué gallináceo artículo me escondo. No se alteren, aún tienen unos días de feliz ignorancia. Malgasten, quiero decir, aprovechen su tiempo estas fechas viendo "¡Qué bello es vivir!" por trigésimo octava vez, tocando la pandereta o escribiendo una novela romántica. (Supongo que con esto, lo que quiero es desearles... desearles... no, no puedo decirlo).

lunes, diciembre 17, 2007

¡Sed vosotros mismos!

Un animus iucundi (sirva la locución latina para destacar mi elevado intelecto) me dominaba ayer. Con cierto infortunio, opté por desempolvar uno de los cientos, ¡qué digo!, cientos de miles, ¡qué digo!, miles de millones, ¡qué digo! ... (detener la hipérbole a tiempo es de sabios; y ahora que lo pienso, quizá hacerla sea de idiotas) de libros que me miraban acusadoramente desde sus estratosféricas posiciones.

Accidentalmente me topé (no en vano digo accidentalmente pues fue el diabólico volúmen el que topó directamente, ¡¡y de pico!!, con mi cabeza) con uno de los así denominados - y lo digo con rubor- “de autoayuda”. ¡Arg!

A pesar de mi inicial escepticismo y terror, la verdad es que su comienzo logró despertarme ipso facto (atención, ¡otra locución! hoy estoy especialmente brillante, lo sé) de mi aletargado estado. Y sin más circunloquios, iré al grano, justo al contrario que las óperas alemanas.

Comenzaba de la siguiente manera: “Sé tú mismo”.

Este sencillo pero tajante imperativo no pudo menos de sumirme en una atroz perplejidad cercana al colapso mental y posterior desmayo cual lánguida damisela con la mano en la frente, del cual me recupere con el único consuelo de que pronto vería ese libro en llamas. Y es que díganme, ¿cómo demonios se puede ser uno mismo si a uno le obligan a ser uno mismo?. ¿Acaso se puede ser natural artificialmente?. Llámenme enrevesada o lo que quieran. Me voy a ser yo misma.

sábado, diciembre 01, 2007

El oro del Rin -Wagner-




Dolorosamente hermoso este acorde wagneriano en Mi bemol Mayor que algunos han identificado como un pensamiento puro hecho música. En este caso, sirviendo de entrada al comienzo de esta pelicula de Terrence Malick, "El nuevo mundo".

“Con el “Oro del Rhin” comencé una nueva senda, en la que tenía que hallar los temas de la naturaleza plástica que, en evolución cada vez más individual, habrían de revestir como exponentes de las diversas formas de la acción y de los sentimientos. La particular frescura de la naturaleza que parecía alentar sobre mí, desde este paraje, como el viento vivificador de las montañas me hizo soportar sin fatiga todos los esfuerzos de mi obra.”

(Carta de Wagner a Roeckel)

"La obra más ambiciosa de la civilización occidental" dijo Deryck Cooke sobre la monumental Tetralogía wagneriana.


La obra ‘El Oro del Rhin’ se inicia con un largo pedal orquestal en la tonalidad de Mi bemol Mayor que da cuerpo al Preludio - al principio, tan sólo se escucha la nota tónica generadora del acorde ‘mi bemol’-. Es la llamada ‘nota primigenia’ o ‘sonido primigenio’.

"Al poco tiempo, se agrega la quinta (si bemol), creando una atmósfera etérea y poco definida en la tonalidad inicial. Merece la pena resaltar el cometido del contrafagot y de las trompas solistas.
El tema que emerge ahora en el fagot y en las trompas (tonalidad de Do Mayor) es tranquilo, profundo y misterioso. Wagner mantiene todavía la nota pedal (mi bemol), generando un cromatismo (armonía cromática) algo violento, que favorece esa atmósfera misteriosa. Nótese la intencionalidad manifiesta de Wagner de recrear el origen primigenio mediante la cuidadosa selección de la tonalidad. Nada se deja al azar. Todo está perfectamente estudiado en la obra del músico alemán. Muchos expertos han creído ver aquí una clara evocación al agua primigenia.

De esta manera, Wagner ha creado una suerte de perpetuum mobile (una variación de un canon llevado a sus últimas consecuencias; es decir, ad infinitum y sin solución de continuidad), que muere bruscamente tras la exaltación producida con la primera interrupción vocal."

Wagner concibió el inicio de El oro del Rin mientras echaba una siesta a orillas de un lago en la localidad italiana de Spezia. En sueños vio a una ninfa “que silbaba un acorde en mi bemol mayor”, que se repetía con diversas variaciones. Wagner se despertó súbitamente, completamente consciente de haber encontrado el arranque de su obra.

Prodigioso arranque.

viernes, noviembre 30, 2007

Emociones racionales

- Bitzer- dijo el señor Gradgrind, abatido y miserablemente sumiso-, ¿no tienes corazón?.
- La circulación, señor mío- replicó Bitzer, sonriendo ante la extravagancia de esa pregunta-, no podría llevarse a cabo sin un corazón. Ningún hombre que conozca los datos acopiados por Harvy acerca de la circulación sanguínea puede dudar que yo posea un corazón.
- ¿Está abierto a alguna influencia compasiva? - exclamó el señor Gradgrind.
- Está abierto a la Razón, señor mío- respondió este excelente joven-. Y nada más.

Charles Dickens. Tiempos difíciles.

Y ahora me pregunto... ¿son realmente irracionales las emociones?